Consecuencias emocionales de la discriminación laboral de la mujer

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Desde hace años se celebra el Día Internacional de la Mujer, un día que simboliza la lucha por la igualdad de la mujer. Pero, ¿se ha alcanzado una situación real de igualdad en el ámbito laboral? Claramente NO, y… ¿Qué consecuencias psicológicas tiene ello para las mujeres?

El 8 de marzo se celebra el Día internacional de la Mujer, anteriormente denominado Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Se trata de una fecha que conmemora la lucha de la mujer por alcanzar la igualdad en su desarrollo personal y profesional. Con el transcurso del tiempo, se ha convertido en una fecha señalada y celebrada en muchos países del mundo.

La primera celebración de este día tuvo lugar el 19 de marzo de 1911 en Austria, Alemania, Dinamarca y Suiza, tras la “II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas” celebrada en Copenhague en 1910, en la que ya se demandaba igualdad de derechos para la mujer, especialmente en lo referente al sufragio femenino, el acceso a la educación, a la no discriminación laboral y otros derechos fundamentales. Otros países fueron también progresivamente celebrando el día mujer, extendiéndose su conmemoración a nivel mundial. 

Seis décadas más tarde, en 1975, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró en 1975 el día 8 de marzo como “Día Internacional de la Mujer”. La elección del día en sí no está muy clara y se han desarrollado distintas versiones sobre ello, todas en torno al hecho de que es una fecha referente de distintas manifestaciones y protestas de mujeres en diversos países. 

Actualmente se ha convertido en un día para reclamar internacionalmente la igualdad de derechos de la mujer en todos los ámbitos, celebrado en gran parte del mundo. Un día que invita a la reflexión de los logros conseguidos hasta la fecha, pero que especialmente plantea cuál es el camino a seguir para lograr cumplir los objetivos a alcanzar, ya que son muchas las noticias que recibimos día a día sobre situaciones de injusticia social o laboral relacionadas con la mujer.

La pregunta es: ¿Se ha alcanzado realmente la igualdad de género?

Desigualdades laborales

En la actualidad, la desigualdad laboral en torno al género sigue siendo una problemática real. Desde hace tiempo, muchos movimientos feministas denuncian estas desigualdades presentes en los mercados laborales. Como consecuencia, se ha producido un incremento notorio de los análisis respecto a este tema que reflejan la presencia de subordinación y discriminación en gran parte de las mujeres trabajadoras. Sin duda, aún queda un largo camino para conseguir que hombres y mujeres puedan acceder a los puestos de trabajo en igualdad de condiciones.

En esta misma línea, a partir de los análisis realizados respecto a esta problemática social, no solo se han contemplado las desigualdades presentes, sino también los motivos que perpetúan las mismas. Los datos de las distintas investigaciones muestran cómo, a medida que se incrementa la presencia de la mujer en los puestos de trabajo, se agravan los desequilibrios estructurales presentes e, incluso, aparecen otras nuevas. Ejemplos de esta situación son la diferencia salarial entre hombres y mujeres, la escasa presencia de la mujer en puestos de alta dirección o la mayor presencia de mujeres en trabajos temporales.

Diferencias más llamativas en relación a las desemejanzas de género en el ámbito laboral:

  • Mayor porcentaje de mujeres que trabajan en puestos a tiempo parcial. Este dato se repite en diferentes países y dentro del rango de edad de 15 a 64 años.
  • Diferencias de género en la cantidad de “trabajo formal” – el que se desarrolla bajo un puesto laboral remunerado – y el “trabajo general” – el que se desarrolla fuera del entorno laboral – . Como ha quedado reflejado en el punto anterior, a menudo las mujeres suelen poseer una menor cantidad de trabajo formal, sin embargo, es habitual que disfrutar de menos tiempo para el ocio. Esta situación se debe a que, además del trabajo de carácter formal, muchas mujeres siguen siendo las encargadas de las tareas domésticas y del cuidado de los hijos, llegando a convertirse en el grupo de personas con una mayor cantidad de trabajo general.
  • Mayor número de casos de acoso laboral en relación a la mujer.
  • Diferencias salariales. De media, se ha visto que las mujeres pueden llegar a ganar un 23% menos que los hombres.
  • Las mujeres lideran la lista de personas en desempleo.
  • Mayor prevalencia de mujeres que cobran el salario mínimo.
  • Índices de bajas por maternidad muy superiores a las bajas por paternidad. El 38,2% de las mujeres deja su trabajo tras el nacimiento de un hijo, en el caso de los varones el porcentaje desciende al 7,4%.
  • Más riesgos de pobreza en el caso de la mujer. Los datos del instituto Nacional de Estadística (INE) confirman que el riesgo de pobreza se sitúa en el 21,3% para la mujeres, frente al 20,1% de los hombres.

Además, hay que resaltar la existencia de una continua segregación ocupacional o profesional que se produce a dos niveles:

  • Segregación horizontal: hace alusión a la mayor prevalencia de mujeres en sectores laborales de menor prestigio y peores condiciones de trabajo.
  • Segregación vertical: hace referencia a una desigualdad de género en la jerarquía empresarial, concentrándose un mayor porcentaje de varones en los altos puestos directivos, y un mayor porcentaje de mujeres en actividades de limpieza, cuidado y administración.

La discriminación indirecta

Los avances alcanzados hasta la fecha han facilitado un descenso de las situaciones de discriminación laboral en el caso de la mujer. No obstante, dicha situación no ha impedido la emergencia de nuevas modalidades de discriminación indirecta que, además de las graves repercusiones que pueden generar sobre la víctima, son más difíciles de detectar y, por tanto, de corregir. Por lo general, se produce cuando una persona se encuentra en una situación de desventaja a partir de un criterio aparentemente neutro, se trata, en definitiva, de una discriminación camuflada.

Algunos ejemplos de este tipo de discriminación hacen alusión a las diferencias de género en relación a la conciliación de la vida profesional y familiar, así como a las diferencias salariales que, debido a la presencia de un gran número de factores asociados a incentivos, tipos de sector laboral u ocupación, dificultan el análisis de esta desigualdad.

Conciliación de la vida profesional y familiar

Las mujeres trabajadoras se encuentran con diversas dificultades que limitan su desarrollo profesional. Una de las mayores impedimentos se encuentra relacionado con la conciliación de la vida profesional y familiar.

Según los datos aportados por la Oficina Europea de Estadística, EUROSTAT, la tasa de empleo en el caso de los hombres aumenta cuando se encuentran en pareja y con hijos. En contraposición, la convivencia en pareja y la llegada de los hijos produce un descenso en la tasa de empleo de las mujeres.

Ello está asociado a las limitaciones de la mujer en relación al desarrollo profesional, o incluso a la posibilidad de encontrar un puesto de trabajo, y poder compaginar todas las tareas asociadas al cuidado de la familia y el hogar. Este añadido tiene otra serie de repercusiones de naturaleza social y emocional en la mujer, como un descenso de la vida social, un incremento del nivel de estrés… una reducción de su calidad de vida en general.

Consecuencias emocionales derivadas de la desigualdad laboral

Todas las situaciones de desigualdad laboral descritas tienen una serie de repercusiones relevantes en la vida de las mujeres. Desde las mayores dificultades para encontrar o mantener un puesto de trabajo, hasta la diferencia salarial. Se trata, sin duda, de factores que limitan el poder adquisitivo de este segmento poblacional, fomentando la aparición de problemáticas de carácter económico que explican las cifras superiores de pobreza femenina. Asimismo, esta situación puede favorecer la generación de distintas preocupaciones, así como un alto nivel de activación fisiológica,de  ansiedad y de estrés, como consecuencia de ello. 

En esta misma línea, la mayor cantidad de trabajo general en el día a día ocasionado por la suma del trabajo formal y las tareas relacionadas con el hogar y la familia, produce un declive del tiempo destinado al ocio, donde el descenso de actividades gratificantes y la disminución de contacto social pueden tener repercusiones directas sobre el nivel de estrés y el estado de ánimo de las mujeres.

Las situaciones de desigualdad o discriminación son también responsables de diversos problemas relacionados con el estrés, el descenso de la motivación en el trabajo, el declive del nivel de autoestima, los altos niveles de ansiedad, la irritabilidad, el insomnio, la apatía, etc. Se trata, en definitiva, de una realidad que compromete seriamente la salud y la calidad de vida de las mujeres.

Para concluir, es necesario enfatizar la necesidad de continuar la lucha por conseguir una igualdad real en el desarrollo profesional y personal, una igualdad en las oportunidades y en la calidad de vida de todas las personas.

“La igualdad es el alma de la libertad; de hecho, no hay libertad sin ella”. Frances Wright (1795-1852), escritora estadounidense.

Rafael Fenoy Castaño

Referencias

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