El culto al cuerpo. ¿Una adicción?

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Los cambios sociales y culturales acontecidos en los últimos años han dado lugar a la emergencia de diversos estudios sobre la obsesión por la percepción física. Asimismo, encuestas realizadas por la revista “Psychology Today” confirma un incremento desmesurado del porcentajes de hombres y mujeres que informan de una insatisfacción con su cuerpo.

Esta fijación por alcanzar el cuerpo deseado conduce a muchas personas, pero especialmente a las poblaciones jóvenes, a una “tiranía de la belleza”. De esta forma, se dificulta la coexistencia con otros valores relevantes en la formación humana y la identidad individual y social, consiguiendo alterar, en última instancia, el orden vivencial de la jerarquía de valores.

En esta misma línea, uno de los cambios sociales más vinculados a esta problemática es la publicidad. Asimismo, los anuncios relacionados con servicios y productos de belleza han ascendido notablemente, llegando a ocupar el tercer lugar en cuanto al nivel de facturación total. Dicha publicidad muestra cuerpos irreales asociados a éxito, felicidad y salud; generando una presión sociocultural y creencias erróneas asociadas al “cuerpo ideal”.

Asimismo, se han resaltado otros elementos vinculados como la abundancia de productos “light”, la popularidad de las dietas milagro, las revistas sobre fitness o el incremento masivo de personas en los gimnasios, especialmente en los meses previos al verano.

De esta forma, estos elementos propios de la sociedad actual promueven un “culto al cuerpo” donde la imagen queda asociada al placer, el éxito, las relaciones e, incluso, las oportunidades laborales o la aceptación social. Como consecuencia, el narcisismo queda vinculado a la apariencia física, dando lugar a una gran “necesidad” de consumo que trata de incrementar el nivel de satisfacción personal con el aspecto individual y reducir el nivel de angustia experimentado al sentirse alejado/a del ideal de belleza actual. En esta línea, el cuerpo, la silueta y la imagen han adquirido una gran relevancia en el desarrollo del yo y del autoconcepto convirtiéndose, para muchas personas, en un auténtico referente de la propia identidad.

Diversas teorías socioculturales sostienen que el ideal de físico, mostrado masivamente a través de distintos medios, es interiorizado por muchas personas, generando una correlación entre el atractivo y la autoestima. Dicho ideal promueve que la belleza se encuentra en la delgadez, la simetría corporal, la piel bronceada… lo que contribuye a generar una gran discrepancia entre las características reales e ideales, lo que promueve, en última instancia, una insatisfacción constante con la imagen personal.

Factores implicados

En el desarrollo de problemáticas asociadas a la apariencia física se han descrito distintos factores de riesgo que contribuyen al desarrollo de una mayor vulnerabilidad. Algunos de los elementos vinculados al origen de este tipo de problemas son los siguientes:

  • Factores socioculturales. La influencia de las modas y la publicidad es, sin duda, uno de los elementos que más han sido vinculados con el incremento en la prevalencia de estas patologías.
  • Familia y entorno social. Las personas allegadas, y en especial la familia, juegan un papel relevante desde la infancia en el establecimiento de parámetros estéticos y comportamentales. El círculo social puede transmitir a través de sus comentarios y opiniones (implícitos o explícitos) la importancia de la delgadez, las dietas, la musculatura, la belleza… De esta forma, se puede exacerbar el énfasis que la sociedad otorga al atractivo físico.
  • Factores individuales. La vivencia de experiencias de burlas sobre la apariencia o fracasos en la socialización contribuyen al desarrollo de cogniciones equivocadas o desmedidas sobre la propia imagen, así como al desarrollo de problemas vinculados a la autoestima, miedo al fracaso o a hacer el ridículo y perfeccionismo.

El culto al cuerpo y la psicopatología

La preocupación excesiva por la imagen personal ha sido vinculada a distintas problemáticas que subrayan notables consecuencias de naturaleza física y/o emocional. Algunas de las patologías que más han sido relacionadas son la anorexia y la bulimia, la vigorexia (caracterizada por la obsesión por conseguir un cuerpo musculoso) y la tanorexia (también denominada “adicción al bronceado”). A pesar de ser síndromes muy diferentes entre sí, todos comparten un aspecto en común: la fijación en un ideal de belleza irreal y una posible distorsión de la percepción personal.

Por otro lado, dichas patologías han sido vinculadas al trastorno obsesivo compulsivo debido a la presencia de pensamientos intrusivos de carácter recurrente sobre su propia imagen, así como de los métodos para mejorarla. Asimismo, en muchas de las ocasiones, al igual que ocurre en esta patología, los procedimientos empleados por diversos individuos para alcanzar el cuerpo individual no consisten en conductas reforzantes o placenteras, sino que dicho método actuaría como un reforzador negativo capaz de mitigar la angustia experimentada, así como la evitación de la angustia o malestar asociado a la no realización de la misma.

Del mismo modo, dichas patologías también han sido asociadas con los trastornos somatomorfos, caracterizados por una preocupación desmedida por un defecto o alteración imaginario del propio cuerpo, o por una reacción desmesurada en el caso de alteraciones físicas reales. Dentro de esta categoría, los trastornos dismórficos corporales se han vinculado directamente con la vigorexia debido a la focalización y percepción distorsionada de un cuerpo pequeño y/o débil. Asimismo, también ha sido relacionado con la tanorexia, como resultado de una percepción errónea de una piel demasiado pálida.

Tanorexia

La tanorexia hace alusión a la necesidad obsesiva de una persona por conseguir un tono de piel más oscura, ya sea a través de métodos naturales (tomando el sol) o por vías artificiales (cabinas de rayos UVA, cremas autobronceadoras…). Estos individuos suelen verse a sí mismos demasiado pálidos, generando una “necesidad obsesiva” de alcanzar un tono de piel más bronceado. Asimismo, también se incluye el deseo por mantener este tono de piel a lo largo del año, incurriendo en hábitos y conductas que ponen en peligro la integridad física o psicológica.

Al igual que ocurre en otras problemáticas vinculadas a la apariencia física, estas personas nunca se encuentran complacidas con su tono de piel. Como consecuencia, su deseo por alcanzar una piel más bronceada se suele prolongar de forma desmedida.

Por otro lado, este término no ha sido aceptado de manera universal. No obstante, ciertas comunidades científicas relacionadas con el campo de salud han utilizado dicha denominación para describir una nueva “adicción”.

En esta línea, un estudio realizado en 2005 demostraba que estas personas podían experimentar una pérdida de límites que dificultaba la posibilidad de parar el proceso de bronceado cuando la piel ha alcanzado un tono moreno. Dicho patrón ha sido comparado con otras adicciones como el alcoholismo o el tabaquismo.

La moda impuesta por la sociedad actual destaca el bronceado como sinónimo de belleza, lo que genera, nuevamente, una presión por adaptarse a este ideal. En esta ocasión, la exposición a radiaciones solares contribuyen en la aparición de diversas problemáticas como manchas, arrugas y una mayor probabilidad de sufrir cáncer de piel.

El deseo por adaptarse al canon de belleza actual impulsa a hombres y mujeres a someterse a diversas transformaciones de su cuerpo (dietas extremas, ejercicio físico desmedido, operaciones estéticas…). Asimismo, es preciso resaltar que muchas de estas vías implican un riesgo para la salud de las personas.

Para concluir, se puede apreciar que el número de personas que desarrollan problemáticas vinculadas a la imagen se está incrementando notablemente. Por este motivo, se destaca la necesidad de llevar a cabo tareas preventivas con las que los jóvenes desarrollen recursos que les permitan defenderse de los medios que incitan y promueven el culto al cuerpo.

Rafael Fenoy Castaño

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