El sueño de la razón produce monstruos

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El Siglo de las Luces trata de inculcar a la sociedad un espíritu crítico basado en el principio de razón. La Ilustración consiste, más que en una circunstancia política, en una actitud filosófica y cultural, en el empeño de una élite intelectual por lograr que todas las personas se sirvan de su capacidad de pensamiento crítico.

La serie de grabados de los Caprichos, publicada en el año 1799, constituye un claro paradigma de su voluntad reformista. El siguiente texto, probablemente redactado por su amigo Moratín para anunciar la venta de las estampas, aclara la intención de su programa iconográfico:
Persuadido el autor de que la censura de los errores y vicios humanos (aunque parece peculiar de la eloqüencia y la poesía) puede también ser el objeto de la pintura: ha escogido como asuntos proporcionados para su obra, entre la multitud de extravagancias y desaciertos que son comunes en toda sociedad civil, y entre las preocupaciones y embustes vulgares, autorizados por la costumbre, la ignorancia o el interés, aquellos que ha creído más aptos a suministrar materia para el ridículo, y ejercitar al mismo tiempo la fantasía del artífice.

De los ochenta grabados que configuran la serie, El sueño de la razón, concebido inicialmente como portada o introducción al conjunto, es el que mejor condensa el propósito de su denuncia. Se cuenta esta obra entre las más apreciadas por la crítica y, a pesar de los numerosos intentos por desentrañar su verdadero significado, son muchas y diversas las interpretaciones que ha suscitado. En la escena aparece el autor apoyado sobre su tablero de dibujo mientras reposa la cabeza en los brazos. Queda el pintor dormido y, durante el sueño, es asediado por los animales de su pesadilla: un grupo de lechuzas, búhos, murciélagos, felinos y otros animales de la noche perturban su descanso amenazándole con un mensaje agorero.

La dificultad de alcanzar una lectura definitiva parte de la doble acepción del término “sueño” que, según el Diccionario de Autoridades (1726-1739) puede significar, en primer lugar, “el acto de dormir” o, en segundo lugar, “el sucesso, o especies, que en sueños se representan en la imaginación”. Si nos atenemos a la primera definición, la razón (entendida como capacidad de entendimiento) habría quedado dormida o inactiva, dejando paso a las ideas oscuras y supersticiosas. Apoyan esta conclusión las anotaciones que acompañan a la estampa en sus versiones más antiguas:

  • P. La fantasía abandonada de la razón produce monstruos imposibles: unida con ella es madre de las artes y origen de sus marabillas.
  • A. La fantasía abandonada de la razón produce monstruos, y unida con ella es madre de las artes.
  • BN. Portada para esta obra: cuando los hombres no oyen el grito de la razón, todo se vuelve visiones.

Si, por el contrario, buscáramos el sentido de la imagen en la segunda acepción, obtendríamos una interpretación diferente. Cabe suponer que el término sueño remita al empeño de los ilustrados por perseguir un ideal inalcanzable: la supremacía de la razón por encima de la ignorancia. Tal obstinación podría haber desencadenado un efecto contrario al esperado dado que, a pesar de sus esfuerzos, el común de la sociedad se mostró incapaz de librarse de su propia ignorancia y se vio avocada a un retroceso intelectual que la sumió en una nueva crisis. Si bien es cierto que a principios del siglo XIX la Ilustración era ya un sueño fracasado, con el tiempo sus logros aplacarían la fuerza destructiva de aquellos monstruos que acechaban al pintor.

 

Susana GP

 

 

Bibliografía recomendada:

  • Juan Carrete, “Aproximación a los caprichos de Goya”, en Caprichos de Francisco de Goya, una aproximación y tres estudios, ed. José Manuel Matilla, Madrid, Calcografía Nacional, Fundación Caixa de Catalunya, Fundación El Monte, 1996, pp. 12-13.
  • Edith Helman, Trasmundo de Goya, Madrid, Revista de Occidente, 1963, p. 230.

Imagen:

  • Francisco de Goya, El sueño de la razón, 1799.

 

 

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