¿Existe relación entre el estrés y los trastornos cardiovasculares?

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Los trastornos cardiovasculares se vinculan a una larga lista de factores de riesgo que incrementan la probabilidad de experimentar alguna de estas dolencias. ¿Los componentes psicológicos actúan como factores de riesgo? ¿Qué papel juega el estrés en las patologías coronarias?

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Las enfermedades cardiovasculares hacen alusión a los trastornos del corazón y los vasos sanguíneos. De esta forma, dentro de esta categoría se incluyen diferentes problemáticas: hipertensión arterial, cardiopatía coronaria o infarto, enfermedad cerebrovascular, enfermedad vascular periférica, insuficiencia cardíaca, etcétera.

Se trata de un problema con una alta tasa que asciende, llegando a convertirse en una de las principales causas de defunción y discapacidad. Asimismo, se prevé que en el año 2030 las enfermedades cardiovasculares producirán la muerte de más de 23 millones de personas, siendo la principal causa de muerte a nivel mundial.

Dentro de los trastornos cardiovasculares, el infarto de miocardio es el que ha cobrado un mayor protagonismo. Consiste en la muerte celular de algún órgano como consecuencia de la falta de riego sanguíneo ocasionada por la presencia de un trombo o placa de ateroma, así como por la contractura de la arteria coronaria.

En referencia a las posibles causas de esta patología, existen diferentes factores de riesgo que aumentan la probabilidad de experimentar esta problemática:

  • Edad avanzada.
  • Hipertensión.
  • Consumo de tabaco.
  • Obesidad.
  • Diabetes.
  • Vida sedentaria.
  • Altos niveles de colesterol.
  • Dieta inadecuada.
  • Estrés o ansiedad.
  • Consumo de drogas.
  • Antecedentes familiares.
  • Género.

La mayoría de estos factores hacen referencia a hábitos de vida que son susceptibles de ser modificados. Como consecuencia, se han derivado diversas intervenciones provenientes de distintas disciplinas, entre las que se encuentra la Psicología de la Salud.

El proceso de estrés

El estrés es el proceso que se activa cuando las personas advierten una situación o evento como amenazante. Esto ocurre al considerar que, frente a dicha situación, la persona no dispone de los recursos necesarios para afrontar los diferentes contextos en los que se haya inmersa. Cuando aparece el estrés, las reacciones que sufren los afectados son diversas. Por un lado, se produce una manifestación a nivel fisiológico del organismo, esto incluye el aumento de la presión arterial, el incremento de la respuesta cardíaca, la elevación de la frecuencia respiratoria, etc. Todos estos cambios surgen a partir de la activación del sistema nervioso simpático, cuyo objetivo es generar un estado de alerta que prepara al organismo para la emisión de una respuesta de lucha o huida. De esta forma, el estrés actúa inicialmente como un mecanismo de defensa, pero existen casos en los que esta respuesta es desproporcionada y se mantiene durante un largo periodo de tiempo.

En condiciones normales, el sistema nervioso parasimpático ayuda al organismo a volver a los índices fisiológicos basales, generando un estado de homeostasis que previene de las consecuencias negativas del estrés. Sin embargo, se producen numerosas ocasiones en las que el organismo permanece con altos niveles de activación mantenidos en el tiempo, propiciando una cascada de consecuencias negativas que aumentan el riesgo de sufrir distintas problemáticas, incluidas las patologías coronarias.

A nivel emocional, el estrés suele ir acompañado de ira, ansiedad o tristeza; y estados anímicos de frustración, impaciencia, etc. Estas emociones se encuentran estrechamente relacionadas con las manifestaciones somáticas o fisiológicas, manteniendo una relación bidireccional donde el estado emocional genera una influencia sobre los índices fisiológicos y éstos, a su vez, influyen sobre las respuestas emocionales. Asimismo, dichos cambios somáticos son detectados por los individuos, dando lugar a manifestaciones en forma de quejas, fatiga, dolores, etc. En esta misma línea, las emociones resultantes pueden generar una influencia directa en la génesis de trastornos coronarios. Un ejemplo de ello es la emoción de ira, una respuesta especialmente común en situaciones de estrés, y muy vinculada a este tipo de patologías ya que es la emoción que genera una mayor activación del organismo.

Por otro lado, el estrés puede dar lugar a diversos estilos de afrontamiento. Dentro del plano cognitivo destacan la indecisión, la preocupación excesiva, la actividad mental acelerada, etc. Asimismo, las respuesta comportamentales más comunes incluyen el aumento de la ingesta alimenticia, el consumo de tabaco y otras sustancias psicoactivas, inquietud corporal o comerse las uñas, entre otras.

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Estrés y patologías coronarias

Desde hace años se ha hipotetizado una relación entre estrés y otros problemas de salud. Esta creencia ha dado lugar a una larga lista de investigaciones que han confirmado tal relación. De esta forma, el estrés es considerado un factor principal en la génesis o el agravamiento de diferentes problemáticas psicológicas o biomédicas, donde se incluyen los trastornos cardiovasculares.

En esta misma línea, dicha influencia puede ejercerse de forma directa (aumento de la presión arterial, incremento del colesterol y los triglicéridos, aumento de la frecuencia cardiaca…), propiciando el origen de otras problemáticas o elevando la gravedad de patologías ya existentes; o de forma indirecta, a través de la impulsión de conductas nocivas (consumo de tabaco, dieta inadecuada…) o la reducción de hábitos saludables (vida sedentaria, falta de adherencia a los tratamientos preventivos…).

De una forma más específica, la relación entre estrés y patologías coronarias ha sido ampliamente aceptada. Un ejemplo de esta influencia es el aumento del riesgo de infarto agudo de miocardio durante las dos horas sucesivas a un evento estresante que ha generado una alteración fisiológica notable. Esta relación se deriva del mantenimiento de un alto estado de activación, capaz de inducir cambios directos sobre el organismo que disparan el riesgo de sufrir un episodio cardíaco. De esta forma, un estilo de vida estresante, las altas demandas laborales y/o académicas, los conflictos familiares o los pequeños estresores del día a día son acontecimientos que contribuyen al mantenimiento de los altos niveles de activación, lo que explicaría su relación con los trastornos coronarios.

No obstante, García-Fernández, secretario de la Sociedad Española de Cardiología, afirma que esta relación no es mayor que la derivada de otros factores como la hipertensión o el consumo de tabaco, declarando que no se trata de una causa directa, sino de una asociación entre el estrés y estas dolencias. En esta misma línea, sostiene que el estrés “casi nunca viaja solo”, ya que las personas que viven con altos niveles de estrés suelen mantener, en un alto porcentaje, hábitos de vida inadecuados: ausencia de ejercicio físico y dieta inadecuada por falta de tiempo, consumo de alimentos hipercalóricos para generar unas reservas de energía que permitan sostener la activación prolongada del sistema nervioso simpático, etc.

A pesar de la controversia vertida sobre este tema que impide una explicación concluyente sobre la naturaleza de la relación entre estrés y patologías coronarias, hay una aceptación ampliamente extendida sobre la gran influencia del estrés sobre este tipo de problemáticas. Por esta razón, son numerosos los investigadores y profesionales que sostienen que una apropiada gestión del estrés es un requisito fundamental para una adecuada prevención de las patologías vasculares.

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Finalmente, a pesar de ser considerada tradicionalmente como una patología biomédica, la Psicología ha ido ganando relevancia en la explicación del origen de este problema y en los distintos programas de tratamiento. Con el nacimiento de la Psicología de la Salud, se comienza a atender de forma especial a aquellos factores de naturaleza psicológica capaces de influir en la génesis o el agravamiento de las enfermedades médicas. Por este motivo, los programas psicológicos se han expandido en diferentes instituciones públicas y privadas como herramientas esenciales para la prevención y promoción de la salud, un campo ampliamente extendido en el caso de los trastornos cardiovasculares.

“El corazón es lo primero que vive en la estructura del animal y lo último que muere. En él tiene su comienzo y su término la vida” – Juan Luis Vives (1492 – 1540) Humanista, filósofo y pedagogo español.

Natalia Correa Flores

Rafael Fenoy Castaño

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