La piedra de la locura

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Diversos restos humanos hallados en excavaciones arqueológicas atestiguan la existencia de trepanaciones del cráneo en época prehistórica. Por su parte, los primeros documentos escritos que describen la técnica de aplicación de las horadaciones con fin curativo provienen del Antiguo Egipto y de la Antigüedad Clásica. Lejos de ser referencias aisladas, algunos de estos testimonios constituyen tratados íntegramente dedicados al tema, como la obra titulada Sobre heridas en la cabeza que Hipócrates de Co escribió en el siglo V a.C.

 

Las trepanaciones respondían a distintos fines: se hacían para sanar enfermedades físicas como la epilepsia, la cefalea, los tumores o la presión intracraneal, o bien para tratar patologías psíquicas genéricamente designadas con el término locura. En función del contexto de su aplicación, tal término puede referirse a diversos conceptos: a la enfermedad mental tal como la entendemos hoy, al amor y a la lujuria, a la estupidez, al pecado, etcétera. Mientras que la primera clase de trepanación está relativamente documentada, la segunda encierra, aún hoy, numerosas incógnitas.

Era creencia común que la locura estaba causada por una piedra localizada en la cabeza que, al presionar el cerebro, producía en el enfermo diversas disfunciones psíquicas. Según esta misma creencia, el problema se solucionaba extirpando el objeto extraño. Hoy sabemos que la piedra en cuestión no existía, luego ¿qué extraían los supuestos médicos de la cabeza de sus pacientes? Probablemente, nada. Sanadores, charlatanes, y timadores en general se aprovechaban de la ignorancia de los más ingenuos para ganar dinero a costa de su salud. El truco era tan sencillo como peligroso: consistía en simular la extracción de la piedrecita que tenían escondida en la mano o en la manga. Tras la operación, la víctima quedaba convencida de que el mal condensado en la pequeña calcificación había desaparecido con ella.

Un conjunto de pinturas realizadas a partir del siglo XV testimonian esta práctica. En líneas generales, el contenido responde a la siguiente escena: un cirujano (médico, sabio, u otra persona avezada en la práctica de la extracción) horada el cráneo del paciente (sentado, normalmente cubierto con una tela, y mostrando una herida en la cabeza) y extrae de su interior un pequeño objeto, habitualmente una piedra. A su alrededor, una serie de personajes (médicos, charlatanes, otros pacientes, etcétera) observan con interés la intervención quirúrgica.

La más famosa de las obras dedicadas al tema es, sin lugar a dudas la que pintó El Bosco, hoy custodiada en el Museo del Prado. En el centro de la escena, un cirujano ataviado con un embudo al revés (en clara alusión a la locura y, también, a la ausencia de todo rigor científico) saca de la cabeza abierta del paciente un tulipán. Dos personas contemplan la escena: un fraile vestido con hábito negro que parece dirigirse al médico, y una monja con toca blanca que se apoya sobre una mesa en actitud pensativa. Sobre la cabeza sostiene un libro cerrado que, como el embudo, ha sido interpretado como una falta de conocimientos. Dos inscripciones acompañan a la pintura: en la parte superior se lee “maestro, quítame pronto esta piedra”; y, en la inferior “mi nombre es Lubbert Das”, apelativo que parece referirse a la estupidez del personaje.

Además de El Bosco, el tema de la extracción de la piedra de la locura despertó el interés de otros artistas de los siglos XVI y XVII. Por ejemplo, Jan Sanders Van Hemessen, Peter Huys, Brueghel el Viejo y Jan Steen, dan testimonio de esta práctica quirúrgica.

Susana GP

Bibliografía recomendada:

  • Irene González Hernando, “La piedra de la locura”, Revista digital de iconografía medieval, vol. 6 (8, 2012), pp. 79-88.

Imagen

  • El Bosco, Extracción de la piedra de la locura, ca. 1480.

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