Sentimiento de soledad. ¿Patología del siglo XXI?

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Las personas, como seres sociales, necesitan convivir en compañía de otros. No obstante, es frecuente encontrar a individuos que presentan un gran sentimiento de aislamiento a pesar de poder estar rodeados por un amplio círculo social.

El sentimiento de soledad es una experiencia desagradable derivada, en su mayoría, de una escasa red de apoyo social o de relaciones superficiales e insatisfactorias. Se trata, en definitiva, de un sentimiento bastante frecuente en la sociedad actual y el mundo occidental.

Los cambios producidos en las dinámicas interpersonales, la generalización de las redes sociales, la emergencia de las conocidas “relaciones líquidas” o superficiales, el incremento de familias monoparentales o las nuevas demandas sociales y laborales que conllevan un mayor aislamiento justifican el incremento producido en las tasas de soledad de la actualidad.

Hasta hace pocos años, el sentimiento de soledad ha sido vinculado a patologías como la depresión, considerándolo un subproducto o una consecuencia de la misma. No obstante, la actualidad científica ha comenzado a conferir a dicho sentimiento una mayor relevancia, llegando a ser percibido como un entramado psicológico o patología por sí mismo. En esta misma línea, autores como Karnick afirman que la soledad es una problemática que tradicionalmente ha carecido de una atención seria debido a que no ha sido considerada una posible raíz de otras dolencias o porque no se ha percibido como una problemática independiente. Asimismo, el autor informa que parte de esta situación se debe a que las personas que experimentan este sentimiento de forma desmedida no suelen reconocerlo, en su mayoría, debido a la vergüenza y la dificultad para superar la sensación de aislamiento.

Por otro lado, debido a la ambigüedad del término, se han desarrollado otras definiciones sobre el mismo. Una de las más conocidas es la elaborada por Sullivan, quien describe la soledad como una vivencia displacentera vinculada a una escasez de intimidad interpersonal. En esta misma línea, Young la concibe como una ausencia real o percibida de vínculos satisfactorios acompañada, a menudo, de síntomas de estrés.

Asimismo, autores como Scalise, Ginter y Gerstein descubrieron cuatro factores vinculados al sentimiento de soledad:

  • Agotamiento. Descenso de la energía y el rendimiento vinculados, en esta ocasión, a la falta de sentido vital.
  • Aislamiento. Experiencia de segregación social.
  • Inquietud. Relacionada con la frustración, displacer y tensión asociadas a la soledad.
  • Abatimiento. Sensación de desaliento más ligado a la depresión.

Por consiguiente, se trata de una experiencia cercana a todas las personas ligada a la necesidad de pertenencia al grupo e incentivada por los cambios acontecidos en la sociedad actual.

Factores influyentes en el sentimiento de soledad

Todas las personas se encuentran expuestas a continuos cambios capaces de generar un gran impacto en sus vidas. Cambios como el fallecimiento de alguien querido, el alejamiento de personas allegadas debido a cuestiones profesionales, etc., pueden generar el sentimiento de una ausencia constante que suele estar acompañada de la sensación de “no tener a nadie” o no disponer del apoyo emocional para poder enfrentarse a las distintas dificultades del día a día.

Un aspecto fundamental para comprender el origen del sentimiento de soledad es la combinación de un estado real y de la percepción del individuo sobre éste. Es decir, tal y como se comentaba al inicio, es frecuente encontrar a personas que experimentan dicho sentimiento a pesar de disponer de una amplia red de apoyo social. Dicha situación se produce en aquellos casos en los que se carece de vínculos seguros y cercanos, pudiendo estar acompañado de un intenso sentimiento de abandono, desarraigo o vacío interno.

La necesidad de pertenencia y aceptación social subyace al deseo de generar y mantener una determinada cifra de relaciones interpersonales significativas. Por este motivo, algunos autores defienden que muchas de las decisiones y acciones que se llevan a cabo son producto de un intento, en ocasiones inconsciente, por evitar el aislamiento o la disolución de un grupo emocionalmente relevante, resaltando el conocido “rechazo o miedo a la soledad”.

Además de esta necesidad universal, se han identificado distintos factores socio-demográficos responsables de este sentimiento:

  • Edad

La soledad se ha vinculado especialmente con las personas de avanzada edad. Esta asociación se debe a una mayor prevalencia del fallecimiento de personas cercanas o a la presencia de afecciones físicas que limitan la socialización.

En esta misma línea, se ha podido comprobar que los adolescentes son otra de las poblaciones con mayores tasas de sentimiento de soledad. Asimismo, un estudio llevado a cabo con una muestra de 1319 adolescentes de entre 11 y 16 años observaron que aquellos que buscaban una reputación social no conformista informaban de un mayor sentimiento de soledad, baja autoestima y mayor insatisfacción general.

  • Género

Además de la mayor prevalencia actual de mujeres que viven en soledad. Es preciso tener en cuenta que, debido a su mayor longevidad, se exponen a una mayor frecuencia de pérdidas personales que pueden generar un sentimiento de aislamiento.

  • Nivel socio-económico

Las preocupaciones económicas han sido relacionadas con el empobrecimiento social. Asimismo, un adecuado nivel económico permite un mayor acceso a actividades de ocio y, por tanto, a la socialización.

  • Red social

La presencia de una red social significativa es un elemento esencial. Asimismo, se ha visto que la cantidad y calidad de los contactos que configuran dicha red son las características más sobresalientes de la misma. No obstante, es preciso destacar que la calidad de las relaciones posee una mayor relevancia sobre el sentimiento de soledad que la cantidad de las mismas.

Además de los factores citados, debemos tener en cuenta otros elementos propios de la historia vivencial. Dentro de ellos, cobran especial importancia los vínculos establecidos con las principales figuras de apego, donde se resalta la necesidad de disponibilidad y sensibilidad de las mismas, los patrones de apego o vinculación generados a partir de estas primeras relaciones interpersonales que influirán en las expectativas de relación y en las dinámicas relacionales futuras, así como la vivencia de experiencias de exclusión social, rechazo, abandono o trato negligente.

De esta forma, es posible apreciar la gran influencia que pueden llegar a generar las experiencias interpersonales más remotas. Dichas experiencias, contribuirán al desarrollo de un “conocimiento relacional implícitoque influirá en las expectativas elaboradas por la persona sobre las posibles respuestas del resto de individuos con los que inicia una interacción y, como consecuencia, en la dinámica interpersonal generada. Como resultado, la elaboración de expectativas negativas podrán frenar o interferir la creación de vínculos seguros que reduzcan el sentimiento de soledad.

Miedo a la soledad y dependencia emocional

El miedo a la soledad ha sido considerado como uno de los mayores temores que puede experimentar una persona. Esta situación puede conducir, en ocasiones, al establecimiento y/o mantenimiento de relaciones interpersonales dañinas que tratan de evitar el aislamiento y la soledad.

Como consecuencia, pueden surgir las conocidas relaciones de “dependencia emocional o afectiva” donde un individuo es capaz de experimentar y soportar situaciones de abuso o maltrato debido a la necesidad de sentirse acompañado. Asimismo, estas relaciones están marcadas por un notable desequilibrio entre los componentes que genera graves repercusiones sobre la persona que se encuentra en la situación más desventajada. Además, suelen desarrollarse distintas dinámicas de ruptura y conciliación que genera un ciclo que puede explicar el mantenimiento de la relación.

Rafael Fenoy Castaño

Referencias

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2 thoughts on “Sentimiento de soledad. ¿Patología del siglo XXI?

    1. Buenas tardes Beyi,

      En primer lugar, agradecemos tu participación en el blog. Por otro lado, se trata de una problemática que, tal y como comentas, requiere de una intervención ya que podría condicionar la forma de vinculación de la persona. Para ello, sería preciso efectuar un trabajo echaustivo que permita revisar las experiencias vinculares de la persona y desarrollar nuevas dinámicas de interacción social.

      Un saludo.
      Equipo Aesthesis.

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