Dinámica familiar en casos de cáncer

Posted on Posted in Psicología de la Salud

¿Por qué me sucede esto a mí? ¿Por qué nos sucede esto a nosotros? ¿Cuáles son las necesidades de apoyo en la pareja de pacientes con cáncer? ¿Qué factores promueven o alteran a las personas a la hora de hacer frente a sus propias tensiones y/o a las de su entorno?

El próximo 4 de febrero se celebra el Día Mundial contra el Cáncer, por ello dedicamos este espacio para conocer y reflexionar sobre el proceso que sigue la enfermedad, no sólo en la persona que la sufre sino en su entorno más cercano, siendo generalmente el familiar.

Globos con dibujo representando el símbolo del cáncer

El diagnóstico de un cáncer supone grandes cambios físicos y psicológicos en el paciente así como en su familia. Cada proceso difiere de unos casos a otros dependiendo de factores como: tipo de tumor diagnosticado, sistemas de apoyo con los que cuenta la persona, tratamientos médicos administrados, situación personal en la que se diagnostica, estilos personales de afrontamiento, historia de enfermedades que haya padecido, entre otros factores.

Diversas investigaciones sugieren que las personas con cáncer identifican el apoyo emocional e instrumental como los elementos más ventajosos de ayuda recibida del ámbito familiar, siendo la “pareja” la que proporciona el amparo y el soporte emocional más tangible (afirmación y confianza de no ser abandonado/a). Una de las variables que destaca dentro del ámbito familiar es la posibilidad de crear un sentido nuevo y diferente frente a la amenaza de la enfermedad, es decir, replantear y reorganizar prioridades en cuanto al funcionamiento de la vida en pareja o en la unidad familiar. Contrariamente, puede suponer un gran riesgo el hecho de que la relación se identifique totalmente con la enfermedad, sin dejar ningún espacio para los elementos sanos que conforman el vínculo. En cuanto a las relaciones, el estudio realizado por Sherboune y Hays en los años 90 indicó que las personas con alguna enfermedad crónica que tienen una relación sentimental expresan mejores indicadores de salud física y mental. ¿A qué puede deberse este hecho?

Como se ha mencionado anteriormente, el sostén o base social es un factor determinante en el desarrollo y evolución de la vida de la persona enferma. Por ello, contar con un apoyo marital puede llegar a realzar la capacidad de la persona para hacer frente a su enfermedad de forma más eficaz, a mejorar la motivación para llevar a cabo una nueva acción, a comprender el abordaje de la enfermedad así como a reducir la ansiedad que surge en muchas ocasiones pudiendo ésta bloquear otros intentos de mejora.

¿Cómo puede la pareja o la familia incorporar una situación tan “estresante” como el cáncer en su vida cotidiana?

La enfermedad se hace presente e impone restricciones en la vida de la persona que la  padece así como la de sus familiares. Se trata de una novedosa situación ante la cual suelen sentirse inexpertos y sin preparación. Hablamos de un “efecto de contagio” asociado a la exposición mutua y repetida a síntomas de ansiedad, depresión, miedo o desesperanza. Y es que, de la misma forma que la persona enferma es parte integral de la unidad familiar, la familia es producto de su contexto cultural, social e histórico. Esto se convierte en un concepto fundamental dentro de la trayectoria de la enfermedad crónica, ya que los mecanismos por los cuales las familias afrontan situaciones de este tipo están influenciados, en gran parte, por sistemas personales de creencias, tabúes, mística cultural y social.

Los datos disponibles que describen la interacción de las parejas y familias sugieren que experimentan dificultades múltiples y con una alta intensidad, entre ellas:

– Carga física y emocional generada a raíz del cuidado constante de la persona enferma.

– Interrupción de su intimidad marital, vida social y actividades de ocio.

– Intentos continuos por tratar de reducir la ansiedad emocional de la persona afectada.

– Necesidades y expectativas que pueden entrar en conflicto con algunos miembros de la propia familia.

Estudios recientes afirman que la dureza de los aspectos psicológicos que sufren parejas y familias de personas con cáncer se relacionan en gran medida con las siguientes variables:

– Género, edad, educación y nivel socioeconómico.

– El grado de la “carga” objetiva y subjetiva experimentada por la pareja.

– Percepción de la enfermedad como amenaza en la vida de pareja.

– Atribuciones hechas hacia la enfermedad y el significado personal de experiencia con el cáncer.

apoyo familiar en casos de enferemedad

El sistema social puede ayudar a las personas a resistir los efectos psicológicos adversos de la severa tensión causada por la enfermedad y la necesidad de apoyo en promover una mejor recuperación física y mental. Inversamente, cuando tal apoyo no está disponible, la situación del enfermo puede deteriorarse. Las personas con un sentido vívido de la importancia de sus relaciones familiares y sociales experimentan menos trastornos mentales, mayor autoestima y un mayor sentido de la eficacia en su propia habilidad de funcionamiento.

¿Cómo afrontar y mejorar el proceso de enfermedad?

Resulta de especial relevancia tener en cuenta variables como la flexibilidad y la cohesión familiar junto con una comunicación abierta y sincera, pues facilitarán el proceso de adaptación a la enfermedad, el apoyo mutuo, la reducción de ambigüedades y confusiones en cuanto a ideas o sentimientos y, esencialmente, el poder compartir la soledad interna de la familia y de la persona afectada.

Por otro lado, con respecto a la labor de los profesionales sanitarios, uno de los principios fundamentales en la intervención es la alianza o vínculo terapéutico que se forja con las familias inmersas en un proceso de enfermedad como el cáncer. Se plantea de forma relevante la promoción de la autonomía de cada uno de los miembros del sistema, la comunicación, conociendo los problemas que pueden aparecer, los sentimientos de culpa y los mecanismos de protección y defensa de cada uno de los miembros de la familia. Por supuesto, conviene destacar la importancia de entender cómo la información se transmite a la persona enferma, a los miembros de la familia y entre el personal médico, respetando la autonomía de cada uno de ellos y la capacidad para tomar sus propias decisiones.

No es el cáncer la causa básica de la reestructuración familiar que se produce en tales situaciones, sino la percepción y proyección hacia la enfermedad de cada uno de los miembros de la familia –incluida la persona que la padece-, con sus historias personales, sistemas de creencias, sus valores culturales específicos, distorsiones y ambivalencias dentro del “sistema particular de cuidado” y del propio sistema de apoyo.

Cohesión familiar y comunicación durante un proceso de enfermedad.

 

Laura Cruz Navarro

Referencias

Seeman, T. E., Berkman, L. S., Blazer, D. y Rowe, J. W. (1994).  Predicting Changes in Physical Performance in a High-Functioning. The Journals of Gerontology, 49,3, 97-108. Doi: https://doi.org/10.1093/geronj/49.3.M97

Reynolds, P. y Kaplan, G. A. (1990). Social connections and risk for cancer: prospective evidence from the Alameda County Study. Journal of Behavioral Medicine, 16, 3, 101-10.

Cutrona, C. E. y Russell, D. N. (1990). Type of social support and specific stress: Toward a theory of optimal matching. Research Gate, 13, 319-360.

Dunkel-Shetter, C. (1984). Social Support and Cancer: Findings Based on Patient Interviews and Their Implications. Journal of social issues, 40, 4, 77-98.

Zabora, R.J. y Loscalzo, M.J. (1998). Psychosocial consequences of advanced cancer. En A.M. Berger, R.K. Portenoy y D.E. Weissman (eds.), Principles and Practice of Supportive Oncology,  531-548.

También te puede interesar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *