Repercusión social y personal del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)

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El TDAH representa uno de los motivos más frecuentes de consulta debido a las enormes consecuencias que puede llegar a tener para la persona y sus familiares en diferentes aspectos de la vida. El rango de prevalencia se estima entre el 3 -7% de la población en edad escolar. ¿Cuál es la situación actual en España respecto al trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH)?

Niños juegan en el parque

Debido a las notables repercusiones que tiene sobre el desarrollo personal, familiar y académico o laboral de la persona, el TDAH se ha convertido en uno de los trastornos más investigados en los últimos años. Se trata de un trastorno de origen neurobiológico, de inicio en la edad infantil y cuyos síntomas pueden mantenerse hasta la edad adulta. Alguno de los síntomas que caracterizan el trastorno son los niveles de impulsividad, actividad e inatención que resultan disfuncionales para la persona. Las encuestas de población sugieren que el TDAH se da en  aproximadamente el 5 % de la población infantil y el 2,5 % de los adultos. En cuanto a la edad media de inicio de la sintomatología, se sitúa entre los 4 y 5 años, su diagnóstico en esta edad preescolar puede resultar difícil debido a que algunos síntomas pueden llegar a ser propios de la edad, siendo la intensidad, la frecuencia y la repercusión sobre el entorno lo que orientaría sobre la presencia de TDAH.

Las personas que lo padecen suponen un grupo bastante heterogéneo, presentando una variación notable en la intensidad de los síntomas, la edad de inicio y la presencia de mismos en distintas situaciones, ya que su expresión puede verse determinada por factores situacionales, como el momento del día o el cansancio, y factores motivacionales, como la falta de vitalidad en la realización de tareas.

Se sabe que, en algunas ocasiones, los síntomas que manifiestan las personas pueden estar influidos por el ambiente o grupo cultural en el que se desarrollan, por lo que una cuestión a tener en cuenta es la adecuada evaluación del TDAH. En cuanto al género, los estudios de prevalencia manifiestan una frecuencia más alta entre el género masculino.

Muchas de estas personas muestran grandes dificultades en el control y regulación de su comportamiento, de las emociones, así como el cumplimiento de normas establecidas. Como consecuencia de esto, pueden surgir problemas de adaptación en el ámbito familiar, escolar, en la relación con sus iguales y una posible disminución en el rendimiento académico/laboral.

Factores de riesgo 

Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, existen tres factores que pueden propiciar en alguno de los casos la mayor probabilidad de desarrollar TDAH, entre ellos:

Factor temperamental.-  Ciertos rasgos de personalidad pueden predisponer al trastorno, aunque no son específicos de este. Algunos de estos son la falta de inhibición conductual, necesidad de esfuerzo mayor para tener control conductual, emotividad negativa y un nivel alto en la búsqueda de novedades.

Factor genético.- Se ha establecido un cierto grado de heredabilidad para el TDAH. A pesar de existir probabilidad genética, estos rasgos no serían necesarios ni suficientes en el desarrollo de la patología. Se consideran discapacidades visuales y auditivas, anormalidades metabólicas, trastornos del sueño, deficiencias nutritivas y la epilepsia como posibles influencias sobre los síntomas del trastorno.

Factor ambiental.- No se puede establecer de manera segura un listado de causas ambientales como determinantes, si bien es cierto que se han encontrado correlaciones en algunos casos. Algunos de estos factores podrían ser: consumo de tabaco durante el embarazo (parte de esta asociación refleja un riesgo genético común), puede haber antecedentes de maltrato infantil, negligencia, múltiples casas de acogida temporal, exposición a neurotóxicos (plomo), infecciones (p. ej., encefalitis) o exposición al alcohol durante la vida intrauterina.

Resulta importante destacar el papel que desempeña el ambiente psicosocial como modulador fundamental sobre la predisposición biológica al TDAH. El entorno influye en la forma en  que la actividad, la impulsividad y la desatención son comprendidas y manejadas por la familia, la escuela/trabajo o la sociedad.

Niño no muestra atención en sus deberes del colegio

¿Cuáles son las consecuencias funcionales del TDAH?

Algunas de las consecuencias más destacadas en la población que presenta el trastorno, ya sean niños o adultos, son las siguientes:

Rendimiento académico-laboral: se trata de una de las áreas más afectadas por el TDAH. En el caso de los niños, la dedicación insuficiente o variable a las tareas que requieren esfuerzo sostenido pueden dar lugar a un bajo rendimiento escolar, escasos logros académicos, incluso abandono de la escuela. Los problemas relacionados con el colegio y la tendencia negligente, en algunos casos, hacia los compañeros tienden a asociarse más con los síntomas de inatención, mientras que el rechazo de los compañeros y, en menor grado, las lesiones por accidentes se relacionan más con los síntomas de hiperactividad o impulsividad. En el caso de los adultos, el TDAH está asociado a un menor rendimiento y logros laborales, mayor absentismo, desembocando en ocasiones en un mayor desempleo en esta población.  

Relaciones familiares: el ambiente familiar es clave en este tipo de trastorno, puesto que pueden verse afectadas de forma negativa las relaciones con los miembros de la familia. Se ha encontrado una mayor proporción de conflictos interpersonales e incidencias de divorcio entre la población adulta con TDAH en comparación con la población general.

Relaciones sociales: ciertos comportamientos o respuestas desarrolladas pueden interpretarse por el entorno más cercano de la persona como irresponsabilidad, pereza o falta de cooperación, por tanto, puede ser una tarea complicada para la persona con TDAH establecer y mantener un vínculo social seguro y estable con sus iguales. En algunas ocasiones, pueden incluso darse situaciones de aislamiento y/o rechazo social hacia la persona afectada.

Problemas emocionales: los diversos problemas que pueden surgir en las áreas recién comentadas, propician en muchos casos notables síntomas de ansiedad en la persona, un bajo nivel de autoestima y una falta de recursos para afrontar dichas situaciones en su vida cotidiana.

Detección de casos y tratamiento

Actualmente existe controversia sobre los criterios que deben ser empleados en el diagnóstico del TDAH. Dificultades en el proceso de diagnóstico y la metodología de evaluación dan lugar a grandes variaciones demográficas lo que lleva a un infradiagnóstico o sobrediagnóstico (más frecuente este último) del trastorno en la población.

Es imprescindible que los profesionales que trabajamos en el campo de la pediatría, la neurología, la psicología y la psiquiatría infanto-juvenil podamos disponer de una guía práctica sobre la evaluación y el tratamiento del TDAH que reúna la mejor evidencia científica y que sea de utilidad para seleccionar la mejor opción en el diagnóstico y el tratamiento de dicho trastorno.

En cuanto al plan de tratamiento, una buena opción sería comenzar por la educación sobre el trastorno, es decir, comenzar con aportar la información necesaria de todo el proceso tanto a la persona afectada como a su familia, su entorno y a otros profesionales. En el caso de los niños, su entorno familiar más cercano debe ser informado de las características comunes del trastorno, la relación con los problemas que presenta (conducta, aprendizaje, autoestima, habilidades sociales, funcionamiento familiar…), el curso clínico que puede seguir y las estrategias de intervención. Importante explorar el conocimiento de los padres, sus experiencias previas, sus expectativas, para desmitificar el trastorno y crear una puesta en marcha del tratamiento que concuerde con los valores, creencias y aptitudes del niño, de su entorno y del profesional.

En lo que respecta al tipo de tratamiento, la mayoría de estudios empíricos muestran que un tratamiento no farmacológico mejora muchos de los síntomas de la persona con TDAH (problemas de conducta, autoestima, problemas socio-familiares y calidad de vida del niño o adulto así como la de su familia). No obstante, se ha comprobado que la asociación de tratamiento farmacológico y no farmacológico ofrece una mayor normalización del trastorno, reduciendo así síntomas nucleares y coexistentes. La decisión de usar medicación debe hacerse de forma conjunta con los padres/cuidadores del niño, con el niño o con el adulto afectado, tras explicarles los beneficios esperados y los efectos secundarios potenciales. Esto facilita el logro de los mismos resultados terapéuticos con menores dosis de fármaco en comparación con el tratamiento farmacológico únicamente. El plan de intervención psicosocial debe incluir un plan dirigido al niño, así como otro dirigido a la familia y a su centro escolar.

Por tanto, un foco de especial importancia en casos posibles de TDAH es el correcto y cuidadoso diagnóstico diferencial, con el objetivo de distinguir dicho trastorno de problemas de inatención o impulsividad infantil, provocado por dinámicas familiares o sociales deficientes. Así mismo, también resulta fundamental tener en cuenta otras posibles afecciones, como enfermedades médicas, trastornos de conducta o problemas de aprendizaje.

Importancia del apoyo familiar en el tdah

Laura Cruz Navarro

Referencias

American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders, DSM-5 (5th ed.) Arlington, VA: Author

Barkley, R. A. (2006). The Nature of ADHD. History. En: Barkley RA, editor. Attention-Deficit Hyperactivity Disorder. A Handbook for diagnosis and treatment. 3.ª ed. London: The Guilford

Press, 3-75.

Cardo E, Servera M. (2008). Attention deficit hyperactivity disorder: the state of the matter and further research approaches. Rev Neurol. Mar 16;46 (6):365-72.

Ministerio de Ciencia e Innovación. (2010). Guía de Práctica Clínica sobre el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) en Niños y Adolescentes. GUÍAS DE PRÁCTICA CLÍNICA EN EL SNS MINISTERIO DE SANIDAD, POLÍTICA SOCIAL E IGUALDAD

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