Théodore Géricault, pintor de la locura

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Théodore Géricault (1791-1824) fue un pintor y escultor francés. Murió antes de cumplir los treinta y tres años, tras haber desarrollado una exitosa carrera como artista. Su corta e intensa vida, truncada por el padecimiento y la muerte inesperada, ilustra el ideal romántico que perseguía, y del que fue precursor.

La obra de Géricault se compone de temáticas dispares, tales como la hípica, los paisajes, los argumentos mitológicos, etcétera. Destacan, por su contenido y por su técnica, una serie de retratos de dementes que Géricault pintó para el Doctor Etienne-Jean Georget. Georget fue, a su vez, una figura destacada de la Psiquiatría en Francia: sus aportaciones al ámbito de la medicina le valieron el ingreso en la Académie Nationale de Médecine y en la Medical Society of London. Como Géricault, vivió poco más de treinta años, tiempo que dedicó a la investigación clínica de la enfermedad mental. Ejerció en el Hospital Salpêtrière, donde analizó los síntomas de sus pacientes, particularmente de los diagnosticados por él como monomaníacos. En sus tratados aboga por una clínica médica más humana y, gracias a sus esfuerzos, las condiciones de los internos mejoraron notablemente.

No se conoce exactamente el motivo por el que Géricault entregó a Georget los diez retratos, ni si fueron realizados por encargo, pero lo que sí parece cierto es que médico y pintor compartían un gran interés por la observación de los rasgos fisionómicos de la locura, tema que ambos estudiaron. A la muerte de Georget, la serie fue dividida en dos lotes de cinco cuadros cada una, que a su vez fueron donados a dos de sus alumnos: Maréchal se llevó su legado a Inglaterra, donde se pierde su rastro. Lachèze, por su parte, se los confió a un amigo que se ocupó de custodiarlos.

Los protagonistas de los cinco retratos conservados son: un cleptómano, una ludópata, un monomaníaco del mando militar, un monomaníaco del rapto de niños y una monomaníaca de la envidia. Las cinco obras, de dimensiones diferentes, comparten una serie de rasgos comunes: en primer lugar, todas ellas son producto de la observación clínica. Los tres hombres y las dos mujeres que posaron para el pintor eran pacientes ingresados en la Salpêtrière (el óleo que ilustra este texto, hoy conservado en el Musée des Beaux Arts de Lyon, es conocido también como “La Hyène de la Salpêtrière”), enfermos mentales cuya psicopatología encontraba reflejo en sus rostros y, muy particularmente, en sus miradas. Géricault supo transmitir la angustia interior de cada demente. Gracias a su habilidad técnica, la atención del espectador se centra en la expresividad de los gestos, que son destacados mediante la iluminación. Cabe señalar, además, que todas las monomanías representadas tienen relación con la vida de las personas en sociedad: la envidia, el robo, el juego, el rapto de niños y la necesidad de imponer órdenes son producto de una dinámica social desviada que el pintor quiso evidenciar.

A pesar de su interés, las cinco obras pasaron inadvertidas durante años. Hoy, no sólo son consideradas por parte de la crítica como las creaciones más brillantes del pintor, sino que constituyen un testimonio único de la vinculación entre arte y psicopatología en la primera mitad del siglo XIX.

Susana GP

Bibliografía recomendada:

  • Alfredo de Paz, Géricault. La febbre dell’arte e della vita, Nápoles, Liguori Editore, 1997, pp. 167-189.

Imagen:

  • Théodore Géricault, La monomaníaca de la envidia, ca. 1820.

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