Trastornos de la Conducta Alimentaria

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mujer2Los trastornos de la conducta alimentaria existen desde hace siglos: Existen documentos datados en la Edad Media que reportan casos de religiosas que los padecían y en el siglo XVII aparecieron descritos por primera vez en la literatura médica. Sin embargo, es en las últimas décadas del siglo XX donde los casos empiezan a multiplicarse.

Características de los Trastornos de la Conducta Alimentaria

Tal y como señala Rosa Calvo[i], “la anorexia y la bulimia nerviosas se definen como Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) y suponen alteraciones en los comportamientos con la comida que repercuten sobre la salud de quienes los padecen”. En general, las personas que sufren anorexia tienden más a restringir la comida o eliminarla con purgaciones, mientras que aquellas con bulimia suelen presentar más atracones y conductas purgativas.

Es fundamental dejar dicho, que aunque el diagnóstico como etiqueta nosológica es fundamental para la comunicación interprofesionales, en la práctica clínica es muy difícil encontrar un/a paciente que esté puramente dentro de una categoría o de otra. Normalmente, es mucho más frecuente que, a lo largo del curso de la enfermedad, las y los pacientes fluctúen entre ambos polos de un continuo.
¿Qué factores influyen en el rápido desarrollo y progresión de estos trastornos?
Podríamos hablar de factores biológicos, psicológicos y sociales.

1. Factores biológicos

En aquellas familias con pacientes de TCA aparecen casos de TCA con significativamente mayor frecuencia que en las familias controles. Pero… ¿hasta qué punto esto significa que el trastorno es debido a factores genéticos y no ambientales? Al fin y al cabo, al crecer dentro de una misma familia, es probable que existan comportamientos y estilos de conducta similares. Lo ideal para poder responder a esta pregunta, sería llevar a cabo investigaciones con gemelos/as.

Esta línea de trabajo parte de la hipótesis de que “si una característica familiar concreta no se da por igual en los dos miembros de la pareja de gemelos, sería una prueba a favor de la existencia de influencias ambientales”. Sin embargo, los estudios de concordancia familiar son muy difíciles de llevar a cabo por lo complicado de encontrar personas suficientes con las que realizar el estudio. En los que han podido llevarse a cabo, se estipula la heredabilidad de la anorexia nerviosa en un 70%. De acuerdo: existe heredabilidad en los Trastornos de la Conducta Alimentaria, pero ¿qué es exactamente lo que se transmite?
– Por un lado, la vulnerabilidad o susceptibilidad al trastorno: es decir, se transmitiría una característica o rasgo que, sumada a otros factores de riesgo o interactuando con ellos, facilitarían la aparición del TCA.
– También podría ser que lo que se transmitiera fuera una vulnerabilidad global, y por tanto, inespecífica, para los distintos trastornos emocionales.
– Tampoco puede descartarse la transmisión de conductas de riesgo (restricción alimentaria, vómitos, actividad física intensiva, etc.) fundamentadas o no en determinados rasgos de personalidad.
– La disposición a trastornos de los sistemas de transmisión, especialmente el serotoninérgico, del que dependen la regulación del apetito, el humor, la obesidad o el control de impulsos.

2. Factores sociales

No podemos dejar de lado la influencia de la moda y los medios de comunicación en el incremento en el número de diagnósticos. Nunca, hasta bien entrado el siglo XX, la delgadez había sido identificada como belleza: anteriormente, se entendía que los cuerpos de mujer redondeados, voluminosos y dotados de grasa eran imprescindibles para la reproducción, y eran, por lo tanto muy, valorados. Sin embargo, hoy en día, la influencia sociocultural termina suponiendo mucha presión, sobre todo para las mujeres (lo que explicaría, en parte, por qué es mucho mayor el número de mujeres que padecen estos trastornos). Por todos lados está presente el mensaje de que la delgadez corporal es sinónimo de belleza, control sobre una misma, libertad y éxito social.

3. Factores psicológicos

Pero si hay algo que preocupa a los y las profesionales del mundo de la psicología y terapia psicologica son los factores individuales que predisponen a sufrir esta enfermedad. Existe mucha literatura sobre las características de personalidad asociadas a los TCA, pero generalmente, éstas son las que aparecen con mayor frecuencia en todos los estudios[ii] :
Perfeccionismo (preocupación por los detalles y el orden, que interfiere en la finalización de las tareas; dedicación excesiva al trabajo; inflexibilidad en temas de moral, ética o valores; muestra de rigidez y obstinación,…).
Baja autoestima e inseguridad.
Insatisfacción generalizada (corporal, etc.) y búsqueda de la novedad.
Obsesiones.
Miedo a crecer (responsabilidades, separarse de los padres o figuras de apego principales,…).

Teniendo en cuenta todo esto, podríamos entender los trastornos de la conducta alimentaria como si de un iceberg se tratara:
– La parte visible del trastorno (y también la más “pequeña”), estaría formada por los síntomas, directamente relacionados con la comida, el miedo a engordar, contar calorías, etc. (atracones, conductas purgativas como vómitos, laxantes, ejercicio físico,…).
– La parte no visible del trastorno, estaría compuesta por los factores psicológicos y de personalidad que están de base y predisponen a la persona sufrir un TCA (perfeccionismo, autoexigencia, baja autoestima e inseguridades, determinados trastornos de personalidad, etc.). Una paciente explicaba que se intentan “sentir más seguras a través de controlar la comida”.

Además de todo esto, es fundamental podar trabajar también las relaciones familiares. Rosa Calvo dice: “Algunas formas de relación familiar pueden facilitar la predisposición a estos trastornos. (…) las actitudes, normas, valores y comportamientos basados en autosuperación, el triunfo y la necesidad de mantener una apariencia de ‘normalidad’ que enmascare cualquier supuesto déficit en la competición con los otros, junto con la inhibición de las emociones y la interferencia en el proceso de autonomía de los hijos, son los ejes que aglutinan todas las relaciones familiares negativas que pueden dar lugar a los trastornos”.

Conclusiones

Teniendo en cuenta todo lo anterior, y al igual que sucede con otros trastornos o enfermedades, podríamos hablar de un modelo biopsicosocial de los trastornos de conducta alimentaria, en el que habría unos determinados factores predisponentes (biológicos, socioculturales y psicológicos), otros precipitantes (abuso sexual, maltrato, adversidad psicosocial o cualquier situación que ponga a la persona ante un conflicto que no sabe cómo gestionar) y de mantenimiento (satisfacción al lograr el control sobre “algo” – “ya que no puedo controlar lo que me pasa o cómo me siento, por lo menos puedo controlar lo que como”-)y de refuerzo por parte del entorno – por ejemplo, al empezar a adelgazar mucha gente les dice lo guapas que están, etc. -).

No cabe duda de que los Trastornos de la Conducta Alimentaria son complejos de entender. Se trata de trastornos tremendamente incapacitantes, ya que la comida es una necesidad básica del ser humano y parte central en nuestra cultura mediterránea, en torno a la cual giran numerosos acontecimientos (cumpleaños, navidades, tapas,…). Su tratamiento es sin duda muy complejo y la recuperación, que suele durar años, muy dificultosa. La ayuda psicológica y de otros profesionales de la salud es imprescindible.

Sandra Toribio Caballero – Psicoterapeuta (Psicóloga Col. Num. M-21691).

[ii] Toro, J. (2004). Riesgos y causas de la anorexia nerviosa. Ariel.
[i] Calvo Sagardoy, R. (2002). Anorexia y bulimia. Guía para padres, educadores y terapeutas. Planeta prácticos.

 

 

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