Metodología

Metodología Aesthesis

En Aesthesis somos conscientes de que la Psicoterapia exige una gran responsabilidad y formación, y es por ello que los profesionales de Aesthesis nos formamos constantemente para estar al día de todas las novedades y avances tanto en el ámbito de la psicología, como en el de otras disciplinas directamente relacionadas como la neurociencia.   

Nuestra metodología se fundamenta en el acercamiento a la figura del paciente desde una aceptación incondicional: quienes nos piden ayuda pueden contar con personas que intentan comprenderlos, sin establecer juicios de valor ni dejarse llevar por estereotipos.

Nuestro objetivo primordial es el bienestar de nuestros pacientes, y para alcanzarlo cuentan con la dedicación, el conocimiento y la amplia experiencia de un equipo de psicólogos y psiquiatras vocacionales de reconocido prestigio en el sector.

Cómo trabajamos en Aesthesis

En la primera sesión de Psicoterapia mantenemos una entrevista exhaustiva para contextualizar bien el motivo de consulta. Se trata de recabar la máxima información posible sobre el origen de los síntomas y establecer las estrategias paliativas adecuadas para cada paciente en función de su sintomatología.

Algunos indicadores que analizamos minuciosamente en esa primera entrevista son:

  • El relato del propio paciente
  • Aspectos metacomunicativos como la mirada, la calidad de la voz y el tono muscular en general.
  • Indicios de embotamiento en la expresión
  • Indicios físicos (dilatación de pupilas, sequedad en boca, sudoración, enrojecimiento de la piel, temblores…)
  • Otras variables de índole psicológica y neuronal que valoramos en nuestros protocolos de atención a pacientes.

Una vez que hayamos recogido información suficiente para contextualizar los síntomas, ubicaremos esta sintomatología en un diagnóstico diferencial, y mediremos la intensidad de la misma para valorar el formato de intervención más apropiado en cada caso concreto.

Neurociencia, una disciplina imprescindible

En Aesthesis nos formamos en Neurociencia para medir la magnitud y la acción de los circuitos neuronales que producen angustia, desencadenando “temor o miedo”: una emoción de alerta intensa causada por la percepción de una situación de peligro, ya sea real o imaginaria.

Estamos especializados en el reconocimiento de las respuestas automáticas del cuerpo – ante tales situaciones que el Sistema Nervioso Simpático identifica como peligrosas – y sus posibles consecuencias.  Consideramos respuestas automáticas al miedo:

  • la Ansiedad, la Depresión y los cuadros mixtos Ansioso-Depresivos,
  • los Ataques de Pánico,
  • el Estrés, así como el TEPT (Trastorno de Estrés Postraumático),
  • las Fobias,
  • los Trastornos Alimenticios,
  • la Falta de Regulación Metabólica (con la comida, el sueño o la sexualidad),
  • los Diagnósticos Psicosomáticos (colon irritable, hernia de hiato, migraña, psoriasis, acúfenos, erupciones epidérmicas, vitíligo…),
  • la Hipocondriasis,
  • las Adicciones,
  • los TOC (Trastornos Obsesivo Compulsivos),
  • el TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad).

Nuestra metodología combina psicología y neurociencia para realizar los diagnósticos más acertados y las terapias más eficaces, analizando cada caso de manera exclusiva para cada paciente, ya que consideramos que cada persona es diferente y necesita un tratamiento acorde con su propia naturaleza y sus circunstancias específicas.

La Memoria Emocional: clave en el diagnóstico

La memoria emocional es compleja porque actúa en silencio, saliendo a la luz cuando se evocan recuerdos de experiencias difíciles. Tales recuerdos reactivan sentimientos asociados de inseguridad o vergüenza, ajenos a la conciencia debido a un órgano cerebral denominado amígdala. Este órgano vital es, a grades rasgos, el encargado de regular emociones básicas como la rabia o el miedo.

La amígdala genera mecanismos de alerta para anticipar situaciones comprometedoras. Si una persona ha vivido relaciones personales complejas, cuando se enfrenta a situaciones que rememoran tales experiencias, en las que es difícil actuar desde la espontaneidad, la amígdala crece de forma hipertrófica y “olvida” su función inicial, desencadenando reacciones disruptivas. El mismo mecanismo tiene lugar cuando se ha sufrido un accidente traumático, o cuando se ha sido objeto de abusos físicos y/o sexuales.

Pequeños activadores emocionales – una mala contestación, un aroma determinado, una canción en la radio, un atasco de tráfico… – pueden generar la descarga mínima de cortisol en sangre que sea suficiente para estimular el canal de respuesta automática preventiva de la amígdala, desencadenando consecuencias no deseadas. Este nivel de reactividad tan fuerte es interpretado como disfuncional por parte del paciente y su entorno, pero como adecuado por su Sistema Nervioso Simpático. Al ser la persona consciente de lo poco apropiados que pueden resultar sus estados de ánimo, su cerebro intenta reajustarlos. Lamentablemente, llega tarde y es incapaz de evitar una cascada de pensamientos intrusivos, fobias, rituales, adicciones o manifestaciones psicosomáticas.

Nuestro equipo está especializado en la identificación de experiencias estresantes y su posterior reconfiguración en la red neural, a fin de evitar su cronificación en los cuadros diagnósticos más arriba mencionados. En Aesthesis estamos capacitados para aplicar las terapias más adecuadas para reconducir los estados involuntarios de alerta, con el fin de que la persona recupere la serenidad, logrando “reparar” su propia identidad.

 

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