Celos entre hermanos: síndrome del príncipe destronado

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El nacimiento de un nuevo miembro de la familia puede ser vivido con mucha alegría, ganas e ilusión. Sin embargo, el que hasta entonces ha sido el pequeño de la casa puede experimentar celos intensos y malestar hacia el recién llegado. ¿Por qué ocurre esto? ¿Cómo pueden actuar los padres y otros cuidadores cercanos ante esta situación?

En la mayoría de niños la llegada de un nuevo hermano puede ocasionar celos, frustraciones, enfados y envidia. Este sentimiento de persistentes celos que experimenta el que ahora será el hermano mayor hacia el nuevo miembro de la familia se conoce con el nombre de “Síndrome del príncipe destronado”.

El nacimiento del bebé indudablemente afectará a la dinámica familiar. Diferentes horarios, cambio en las rutinas, nuevos vínculos y menos tiempo y atención disponible para el que antes era el pequeño, son algunos de los principales factores que influyen en el origen y mantenimiento de dicho síndrome. Este cambio en la estructuración familiar puede ser vivido por el niño como un acontecimiento estresante, el infante observa cómo sus padres dedican tiempo y cariño en el nuevo miembro de la familia, sintiéndose desplazado y triste.

Esta reacción de celos incontrolables es natural y propia de la nueva situación que están viviendo, debido al sufrimiento que pueden estar experimentando los niños por los cambios que se están produciendo.

¿Cómo se manifiesta dicho síndrome?

La exteriorización de este síndrome varía en función del infante, a continuación se describen las manifestaciones principales que algunos niños hacen para demandar la atención de sus padres y principales cuidadores:

  • Utilización de un lenguaje más infantil. A pesar de haber logrado la consecución de un lenguaje claro, propio de la fase evolutiva en la que se encuentre, es común que el niño hable como si fuera más pequeño.
  • Enuresis. De igual modo que ocurre con el uso del lenguaje, es habitual que el niño presente problemas con el control de esfínteres, pese a haberlo tenido controlado antes de la llegada del hermano.
  • Otro tipo de regresiones evolutivas. Además de los retrocesos evolutivos anteriormente descritos que se reflejan en el lenguaje y descontrol de esfínteres, aparecen otros en la conducta y en los hábitos, como por ejemplo querer utilizar biberón, chuparse el dedo, no querer dormir sólo, reclamar la ayuda de los padres para tareas que antes hacía sólo, etc.
  • Llanto recurrente. Llorar de manera frecuente y persistente es otra de las posibles conductas manifestadas de este síndrome.
  • Actitud negadora. Negación ante aquellas demandas que hacen los padres como, por ejemplo, recoger los juguetes, comer, jugar con el hermano, etc.
  • Disminución en el rendimiento escolar. Aunque para algunos niños estar en la escuela puede suponer alivio por no tener que pensar en el nuevo hermano, otros reflejan en los resultados académicos los celos que sienten.
  • Quejas psicosomáticas. Dolor de barriga, de cabeza, malestar intestinal, etc.
  • Cambios en el comportamiento. Es posible que presente conductas que hasta ahora no había tenido, como puede ser comportamiento agresivo, desafiante, nerviosismo, inquietud, etc. En relación al comportamiento, es importante también mencionar las rabietas que los niños tienen. Estos cambios de comportamiento pueden acaecer tanto en casa como en la escuela y otros lugares públicos.
  • Enfado con los padres. Los celos y la envidia también es expresada con enfado hacia los padres, sintiéndose el niño menos importante en la vida de éstos.
  • Ignorancia hacia el hermano. Actuar como si el hermano no existiese, es decir, sin mostrar interés hacia él, por ejemplo, no haciendo caso al pequeño, no jugando con él o, incluso, no pintando a su hermano en un dibujo de la estructura familiar.
  • Miedos. Puede ocurrir que el niño sienta miedos que hasta la llegada del hermano no había sufrido.

Es importante saber que este síndrome no sólo afecta a los hijos primogénitos sino que también pueden sufrirlo cualquiera de los otros hijos. De igual modo, puede tener lugar bajo diferentes circunstancias, por ejemplo, nacimiento de un bebé o adopción de un hermano. Asimismo, el síndrome no sólo se manifiesta en los niños cuando el nuevo miembro es recién nacido, puede ocurrir que se exteriorice no tanto con la reciente llegada del hermano menor sino cuando éste comienza a mostrar avances en su desarrollo evolutivo, por ejemplo, cuando empieza a andar, a hablar, etc.

Abordaje del síndrome

Los celos que sufren los hermanos mayores resultan ser una respuesta al cambio que se produce en la dinámica familiar y, por ende, al cambio que experimentan estos niños en la relación con sus padres. Por esta razón, es difícil erradicarlos, pero sí existen ciertos comportamientos que pueden poner en práctica los padres, y otros cuidadores principales, que ayudarán a atenuar los celos y el malestar en el niño:

  • Preparar al niño antes de que su hermano nazca o llegue a la casa (en caso de adopciones). Es importante hablarle al niño sobre la llegada de la nueva persona a la casa. Incluso si el niño mayor es muy pequeño y parece no entender determinados conceptos, será útil que empiece a escuchar el nombre del que será su hermano y prepararse para la llegada. Otra manera de preparar al niño puede ser implicando al hermano con los preparativos de la casa, por ejemplo, con la decoración de la habitación del nuevo hermano o, incluso, opinando en la elección del nombre.
  • Hablar con el niño. La nueva situación, como se ha descrito anteriormente, conlleva cambios en la disposición del tiempo de los padres. Por esta razón, sería beneficioso una conversación de los padres con sus hijos, haciéndoles entender que la llegada del hermano no supone una sustitución.
  • Evitar las comparaciones. Es fundamental evitar cualquier tipo de comparación entre los hermanos. Cada niño es único y diferente del resto, presentando características singulares y es importante que así lo sienta y lo crea.
  • Validar las emociones que está sintiendo. Otra actitud de los padres que resultará beneficiosa será la validación de las emociones que está sintiendo el niño, es decir, mostrar una actitud empática y de apoyo hacia su hijo. Por ello, es conveniente escuchar a los niños expresar sus sentimientos, dar lugar al diálogo, no castigarlo porque sienta celos de su hermano y no obligar a que le dé afecto en los momentos en los que al niño no le apetezca.
  • Fomentar un clima familiar agradable . Pasar tiempo en familia en la medida de lo posible. Será útil realizar juntos actividades que al hermano mayor le gustase hacer antes de la nueva situación.
  • Implicación en el cuidado del hermano. También puede ser útil proponer al mayor alguna tarea relacionada con el cuidado del niño como puede ser, por ejemplo, intervenir en el baño, en la elección de ropa, en el cambio de pañal, etc… bajo supervisión de los progenitores; aunque no es conveniente que haya una implicación excesiva por parte del hermano mayor ya que podría sentir un elevado número de responsabilidades impropio de la fase evolutiva en la que se encuentren.
  • No manifestar preferencias. Una manera de acentuar los celos entre los hermanos ocurre cuando, ambos progenitores o uno de ellos, muestran preferencias por uno de los hermanos, en este caso, preferencias por el hermano recién llegado. En muchos casos, estas preferencias se hacen de forma inconsciente, pero es importante que los padres estén alerta de ello e intenten evitarlo. Un ejemplo común puede ser establecer la foto de perfil en algún dispositivo móvil de sólo uno de ellos.
  • Evitar, en la medida de lo posible, cambios importantes en la estructura familiar. Pese a que, en algunas ocasiones, no es posible evitar ciertos cambios, es conveniente no hacer coincidir la llegada del nuevo miembro de la familia con algún otro acontecimiento importante: cambio de colegio, cambio de domicilio, etc.
  • Pasar tiempo con el hermano mayor. Aunque el niño pequeño requerirá mucha atención por parte de los padres, resultará muy positivo dedicar tiempo, en algunas ocasiones a solas, al hermano mayor. Esto se refiere a que, en algunos momentos, pueda disfrutar de toda la atención de sus padres.
  • Concienciar a otros familiares cercanos y amigos sobre la situación. Resulta beneficioso explicar la situación que está viviendo el hermano mayor a otros familiares y amigos para que de este modo, presten atención a ambos niños (en momentos de visita, de eventos, etc.).
  • Mostrar las ventajas de tener un hermano pequeño. Hacerle entender al niño que podrá jugar con su hermano y tener compañía. Además, se le puede hablar de las ventajas de ser el hermano mayor, explicándole los privilegios que él puede disfrutar.

Para terminar, resulta fundamental dar tiempo para la adaptación al cambio. Aunque muchos niños sufren este síndrome, si se trata con una actitud empática y vínculos seguros por parte de los padres, suele remitir con el tiempo. Por ello, es necesario darles a los niños tiempo para que se adapten a todos los cambios que están experimentando.

<<—Le contemplas demasiado- dijo la madre de Quico a la Tía Cuqui.

—¡Oh, no, no digas eso! Este niño necesita un cariño especial, Merche. No olvides que hasta hace un año era el rey de la casa. Es el príncipe destronado, ¿oyes? Ayer todo para él; hoy, nada. Es muy duro, mujer.

La voz de Mamá era suave pero implacable:

—Tonterías —dijo—. Yo he destronado ya cuatro príncipes sin tantos paños calientes y me ha ido muy bien.

—Has tenido suerte, eso es todo.>> Miguel Delibes en la novela El príncipe destronado, 1973.

Natalia Correa Flores

Referencias:

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