El cerebro de Einstein

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El 18 de abril de 1955 moría Albert Einstein a la edad de 76 años. Poco más de una hora después, dio comienzo una de las andanzas científicas más asombrosas de la historia: la de su cerebro.
El cuerpo de Einstein fue incinerado. Todo, salvo el cerebro. El patólogo Thomas Harvey decidió extraerlo con el fin de indagar las características físicas que explicaran la genialidad del científico. Lo fotografió, lo pesó, lo diseccionó en más de 200 láminas y lo introdujo en varios tarros que guardó en su casa. Pasarían treinta años hasta que la reliquia fuera investigada por otros científicos interesados en determinar el origen fisiológico de semejante inteligencia. Hoy, diversos artículos publicados en revistas de prestigio afirman haber dado con una explicación definitiva.

cerebro de Einstein, Mutter Museum Permanent Exhibitions

Algunos de los fragmentos del cerebro de Einstein se hallan distribuidos entre instituciones como el Museo Nacional de Salud y Medicina de Maryland, el Mütter Museum de Philadelphia y la Universidad de Princeton pero, sorprendentemente, se desconoce el paradero de otros muchos, que posiblemente acabaron en manos de coleccionistas privados.

La fama que el científico adquirió en vida, sumada la historia del robo y posterior periplo del cerebro, ha provocado la multiplicación de leyendas urbanas que narran la dispersión de éstos y otros supuestos restos usurpados de su cadáver. Circulan, por ejemplo, fotos y radiografías del cerebro. Y no sólo. Según esta misma creencia, los ojos habrían sido extraídos y posteriormente donados a su oculista. Se suman a estos vestigios fraudulentos otros tantos de dudosa veracidad: violines, cartas y otros escritos de falsa atribución que pueden adquirirse en el mercado privado a precios desorbitados.

El deseo de poseer los restos materiales del genio explica este caso de coleccionismo fetichista. No es, como puede suponerse, un suceso aislado. Se conservan otras muchas reliquias supuestamente procedentes de científicos de renombre: el dedo de Galileo, el suspiro de Edison… como también son frecuentes los relatos de robos de cerebros de personajes de inteligencia destacada. Por ejemplo, los de Voltaire y John F. Kennedy.

Imagen: Fragmentos del cerebro de Albert Einstein conservados en el Mütter Museum of the College of Physicians of Philadelphia.

Susana GP

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