El Estrés, causante de las Enfermedades Autoinmunes

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¿Cómo puede contribuir el estrés a generar una Enfermedad Autoinmune como el Lupus Eritematoso Sistémico, la Artritis Reumatoide, la Diabetes Tipo 1, la Tiroiditis de Hashimoto, la Psoriasis, o la Enfermedad de Crohn?

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Afirmar que la causa de las Enfermedades Autoinmunes reside únicamente en la carga genética heredada, es no contemplar un factor fundamental hoy en día que puede ser clave en su desarrollo: el estrés.

Por otra parte, para lograr determinar los desencadenantes del estrés, se hace necesario analizar las posible raíces de este fenómeno que a todos nos afecta en algún momento de nuestra vida.

El Apego Inseguro en la infancia y sus consecuencias en la edad adulta

No podemos hablar de estrés sin hablar de estructuras de la personalidad que generan mayor vulnerabilidad al estrés. Y para hablar de esas estructuras nos tenemos que remitir a nuestra infancia, donde se forjaron relaciones de apego con nuestros padres, y otros cuidadores, que fueron la piedra angular sobre la que se fundó nuestro carácter. Cuando las relaciones de apego entre padres e hijos no están basadas en la reciprocidad, la empatía o el entonamiento afectivo (es decir, una relación en la que las necesidades de regulación emocional del niño y las respuestas de los padres están sincronizadas), hablamos de “apego inseguro”.

En los apegos inseguros es frecuente que haya una mayor exposición a situaciones de estrés por parte del niño, y también es habitual que el niño tenga capacidades de regulación emocional más limitadas que los niños con un apego seguro. En este sentido, es necesario hablar de la transición de la heterorregulación (los padres regulan las emociones de los hijos) a la autorregulación (el niño desarrolla su propia capacidad de autocontrol emocional y conductual).

Los padres atienden las necesidades emocionales de su hija o su hijo cuando este llora, se cae, tiene hambre o pesadillas por la noche, y gracias a las neuronas espejo, el niño incorpora de forma inconsciente y automática esta capacidad de regulación de las emociones de la misma manera que aprende a caminar, leer o escribir. Es decir, en el cerebro del niño, las neuronas espejo se activan cuando observa un gesto o una acción por parte de sus padres, hermanos…, gestos y acciones que simula e interpreta, deduciendo de forma natural las intenciones de las personas que le rodean y asimilando el significado y los conceptos con los cuales puede interactuar con su entorno. De esta manera, se va produciendo la transición de la heterorregulación a la autorregulación de las emociones.

En esa transición, diferentes estudios han observado que los niños con apego inseguro suelen construir una estructura de carácter compensatoria desde la que desconectan de sensaciones internas de estrés, con el fin de adaptarse mejor a relaciones del núcleo familiar que no son plenamente satisfactorias, o bien no evocan una sensación habitual de plenitud y calma. Esa compensación se operativiza a través de ciertos mecanismos de defensa que permiten a los niños aplacar o corregir una sensación de angustia momentáneamente, para mantener en equilibrio ciertas relaciones familiares.

El problema viene cuando esos mecanismos de defensa, como la negación (no reconocer que algo está sucediendo), la represión (ser consciente de que algo ocurre pero ignorarlo), la regresión (refugiarse en situaciones o estados del pasado para evitar lo que está ocurriendo en el presente) o la proyección (atribuir lo que está ocurriendo a algo ajeno, siendo propio), entre otros, se interiorizan de forma inconsciente, generando autonomía y revirtiendo, o corrompiendo, la relación con la propia persona.  Es decir, si el niño desplegaba el mecanismo de defensa para no sentir angustia, ahora es el propio mecanismo de defensa el que expone al adulto a situaciones muy comprometedoras sin que la persona sea consciente de que necesita protegerse de sí misma antes que de las propias situaciones que pretende afrontar.

Consecuencias del Estrés en el Sistema Inmune

En este tipo de apegos inseguros es habitual una peor metabolización del estrés, que muchas veces cursa de forma inconsciente, ya que el sistema nervioso simpático, el que nos “activa” ante situaciones de riesgo, no está preparado para pensar en los problemas de una relación sentimental o en cómo pagar una hipoteca. El sistema nervioso simpático está preparado, ancestralmente, para luchar o salir corriendo como hacíamos en la antigüedad si un león corría detrás nuestro.

En las situaciones de riesgo de hoy en día (problemas sentimentales, económicos…), entre las múltiples reacciones que se desencadenan, se activa el eje hipotálamo hipofisario adrenal, un sistema hormonal directamente relacionado con la respuesta al estrés. Así, ante una noticia estresante, nuestro hipotálamo cerebral inicia una cascada hormonal en cadena que estimula la hipófisis, que a su vez refuerza la descarga de cortisol por parte de las glándulas suprarrenales, que estimula la segregación de adrenalina para poder o bien “luchar” o bien “salir corriendo”. En definitiva, ante una noticia estresante, se desencadenan una serie de procesos en nuestro organismo para tratar de hacerle frente que culminan en un incremento de cortisol y adrenalina.

El problema es que el cortisol, que ya es conocido popularmente como “la hormona del estrés”, tiene un efecto catabólico sobre la glutamina que alimenta los enterocitos del epitelio o revestimiento intestinal. Es decir, en nuestro intestino tenemos una cadena fina de células llamadas enterocitos, que son las encargadas de filtrar el paso de microorganismos al sistema inmune. Estos enterocitos se alimentan de un aminoácido llamado glutamina, un exceso de cortisol degrada la glutamina y por ende, acaba destruyendo los enterocitos. En consecuencia, se forman pequeñas filtraciones dentro del epitelio intestinal, y esto es lo que popularmente se conoce como “intestino irritable”. Es por ello que, siempre que se diagnostique una enfermedad autoinmune, hay que pensar en intestino irritable, colon irritable, o permeabilidad intestinal.

Una vez que se generan estas filtraciones dentro del epitelio intestinal, los microorganismos buenos y malos llegan al sistema inmune sin ningún tipo de cribado. El sistema inmune, para protegernos, tiene que trabajar de forma indiscriminada “matando moscas a cañonazos”. En consecuencia, el desgaste del sistema inmune comienza a saturarlo, e incurrimos en déficit de unos linfocitos que se llaman “T reguladores”. La merma de estos linfocitos implica un fenómeno conocido como mimicry molecular. Ello significa que el sistema inmune, por agotamiento, no sabe distinguir entre buenos y malos, de forma que parte del tejido del sistema inmune comienza a ser atacado por el propio sistema inmune, y muere como consecuencia de lo que militarmente se conoce como “fuego amigo”.

El Estrés, el Sistema Nervioso Simpático y el Sistema Inmune

Como hemos mencionado anteriormente, el sistema nervioso simpático es el que nos “activa” ante situaciones de riesgo, se trata de un sistema de autorregulación frente al estrés ancestral e inconsciente que se fundamenta en el patrón de defensa “lucha – huida”.

Los primeros homínidos que poblaron el planeta hace 25 millones de años utilizaban este sistema para salir corriendo de los depredadores cuando estaban cazando en la selva. Y este sistema está pensado para la eficiencia y el ahorro de energía. Es sencillo, si estás corriendo delante de un león, ¿para qué queremos que hagas una buena digestión? O que tengas fertilidad, o que tu sistema inmune te proteja frente a un resfriado… El sistema nervioso simpático desactiva la digestión, la inmunidad o la fertilidad para que la glucosa que esos sistemas empleaban pueda ser redirigida a los músculos y así tener más energía para luchar o correr.

Qué ocurre, sin embargo, cuando una situación adversa en la economía puede generar la pérdida de nuestro empleo. Pues lo que ocurre es que filogenéticamente no estamos adaptados para codificar mensajes así, es decir nuestra biología y carga genética no ha evolucionado lo suficiente y seguimos reaccionando con el mismo patrón que determinó la evolución del ser humano hace 25 millones de años: el mecanismo “lucha – huida”.

Hoy en día, nos encontramos con diferentes picos de estrés a lo largo del día, y si no contamos con recursos suficientes para metabolizarlo, el sistema nervioso simpático activará este patrón de eficiencia energética, que como consecuencia desactivará nuestro sistema inmune durante una hora aproximadamente. Pero las preocupaciones que tenemos sobre nuestro trabajo, o nuestro dinero, o nuestros hijos, o nuestra vida sentimental, no duran una hora, por lo que nuestro sistema inmune se activará y desactivará sistemáticamente frente a preocupaciones que superen un cierto umbral de angustia que no estamos preparados para metabolizar.

Ello provocará una saturación en el sistema inmune que, con la consecuente permeabilidad intestinal generada por esas múltiples conexiones y desconexiones motivadas por el patrón ancestral de lucha huida, implicará una mayor probabilidad de contraer enfermedades autoinmunes.

Prevención de las Enfermedades Autoinmunes

Decir que las enfermedades autoinmunes son genéticas es faltar a la verdad, o no contar toda la verdad. Dependen de la metilación y de la acetilación de nuestro ADN, modificaciones químicas en el propio ADN (metilación) y en las proteínas que lo envuelven (acetilación), alteraciones que puede provocar el estrés generando el desarrollo de una gran diversidad de enfermedades.

En otras palabras, hay genes que solamente se van a expresar bajo ciertas condiciones ambientales. Si estamos preparados psicológicamente para afrontar situaciones de estrés; si estamos preparados nutricionalmente con la ingesta de fruta, verdura, pescado, en definitiva alimentos y no productos procesados; si tenemos un buen estilo de vida haciendo ejercicio físico, respetando nuestros biorritmos, durmiendo 8 horas al día, bebiendo agua; si tenemos la ingesta necesaria de alimentos prebióticos, tomamos vitamina A, incorporamos vitamina D caminando bajo el sol, tomamos ácidos grasos EPA Y DHA (ácidos Omega-3), y nos sobreponemos a las relaciones tóxicas en nuestra vida, tenemos muchas probabilidades de revertir la sintomatología asociada a las Enfermedades Autoinmunes.

Si crees que tú, o alguna persona cercana a ti, puede estar estar padeciendo una enfermedad autoinmune ocasionada por el estrés, ¡no dudes en consultarnos! Somos especialistas en ello, podemos ayudarte ¡Ponte en contacto con nosotros!
Alejandro Muñoz, Psicólogo Clínico y Director de Aesthesis Psicólogos Madrid
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