La nave de los locos

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La nave de los necios (también conocida como Nave de los locos, o como Stultifera Navis en su traducción latina) es una obra literaria escrita por el humanista Sebastian Brant (¿1457?-1521) y publicada en Basilea en el año 1494. Brant fue doctor en Derecho, profesor universitario y autor de diversos tratados en la materia que le valieron un gran prestigio. Entre sus grandes aficiones está la imprenta. Se sabe que colaboró directamente con las principales imprentas de Basilea y Estrasburgo, y que intervino en la edición de numerosas obras durante su estancia en aquellas ciudades.

La nave de los locos es la creación más original y compleja del escritor. En ella presenta una sucesión de cuadros críticos protagonizados por personajes necios (es decir, cuya conducta es moralmente reprobable) que surcan las aguas en dirección a la tierra de los tontos. Cada uno de los más de cien individuos que viajan en la nave ficticia representa un tipo de falta o de pecado.

Tan importantes como el propio escrito son los más de cien grabados que ilustran el libro. Se atribuye a un joven Alberto Durero el diseño de parte de ellos. Algunas de las xilografías originales alcanzaron una gran fama, e inspiraron la imaginación de artistas de la talla de El Bosco, Brueghel, o Thierry Bouts, entre otros. Las imágenes cumplen una doble función: la mayor parte coinciden con el contenido textual, incidiendo en el mensaje; otras, sin embargo, se separan ligeramente de la narración para aportar nuevos significados. Era intención del autor corregir la conducta del mayor número de personas, incluyendo a las iletradas:

Si hubiera alguien que despreciase la escritura, o alguien que no la supiera leer, verá bien en el dibujo su propia esencia y encontrará en él quién es, a quién se asemeja y qué le falta. El espejo de los necios llamo yo a esto, en que cada necio se reconoce.

Brant basa su obra en una tradición literaria e iconográfica bien conocida: la imagen de un barco cargado con locos, pecadores o necios encuentra diversos antecedentes en la Edad Media. Como también se conocían numerosas obras de tono moral donde se criticaban los vicios de las sociedades. Sin embargo, La nave de los necios presenta una serie de características diferenciadoras que le dieron un éxito inmediato: en poco tiempo vieron la luz numerosas reediciones y traducciones de diferentes países europeos.

Aunque pueda resultar sorprendente, algunos investigadores defienden que la nave ficticia de Brant encuentra un paralelo real en las sociedades renacentistas. Michel Foucault (1926-1984), en su Historia de la locura en época clásica, describe la existencia de barcos que transportaban a los enfermos mentales de un lugar a otro. Se sabe, efectivamente que, durante siglos, una parte de los dementes (particularmente aquellos más violentos o conflictivos) fueron expulsados de las ciudades y obligados a vagar por zonas poco pobladas. Cuando las condiciones lo permitían, eran embarcados para su traslado al destierro.

En el Renacimiento, las naves de locos adquirieron un valor simbólico, tal como demuestra el texto comentado. Se pensaba que el agua, elemento purificador, tenía la capacidad de purgar el alma del enfermo. Simultáneamente, la inmensidad del mar representaba una cárcel infinita de la que el reo no podía escapar: en medio de ningún lugar, se veía abocado a un destino incierto.

La suma de ambas representaciones, la verídica y la fingida, dio lugar a una imagen de gran poder evocador: la de imponentes barcos capitaneados por locos que surcaban los mares y ríos europeos.

Susana GP

Bibliografía recomendada:

  • Sebastián Brant, La nave de los necios, ed. Antonio Regales Serna, Madrid, Akal, 1998.
  • Michel Foucault, Historia de la locura en la época clásica, Fondo de Cultura Económica, México, 1967.

Ilustración:

  • Maestro secundario (Haintz-Nar-Meister), La nave de los necios (reverso de la portada).

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