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En busca del bienestar personal

por | 23 Feb 2017 | Bienestar

Existe una escasa investigación científica dirigida a establecer cómo la felicidad puede aumentar y cómo puede ser mantenida. No obstante, ciertos autores la definen como la frecuencia de afectos positivos, alta satisfacción sobre la vida y baja presencia de afectos negativos. Se han desarrollado en la actualidad diversas fuentes de investigación sobre el optimismo y la posibilidad de lograr un aumento permanente de la felicidad en las personas.

Cara sonriente

Un acercamiento teórico al “estado de felicidad”

Centrándonos ahora en cómo definir el estado de bienestar permanente o la felicidad “crónica”, Lyubomirsky y sus colaboradores establecen un modelo integrativo de la felicidad en el cual incorporan como parte importante los factores motivacionales y actitudinales, consistentes en la suposición de que la felicidad puede ser activamente buscada. Con este tipo de modelo se intentan demostrar que ciertos tipos de actividades intencionales ofrecen formas de conseguir cambios estables en el nivel de bienestar de las personas.

Algunos autores plantean que ese estado de felicidad está determinado por tres factores principales:

– Un punto de ajuste genético.- Los autores del modelo asumen que la felicidad crónica de un individuo puede estar determinada en parte por el componente genético. Este factor se supone que es fijo, estable en el tiempo. Es decir, a pesar de que es posible determinar cómo modificar las disposiciones y diferentes temperamentos, actualmente este factor no sería una opción a tener en cuenta para el aumento del bienestar.

Factores circunstanciales .- Hacen referencia a componentes “incidentales” estables en la vida de una persona. Los relevantes para la felicidad serían: la región nacional, geográfica y cultural en la que reside una persona, así como los datos demográficos, incluyendo la edad, el género y el origen étnico. Además, este punto incluye la historia personal, es decir, los  eventos de la vida que pueden afectar a su estado de bienestar, ya sean positivos o negativos. Finalmente, los factores circunstanciales incluyen algunas variables vitales tales como estado civil, la ocupación, la seguridad en el empleo, los ingresos, la salud y la religión. Estos aspectos tienen un potencial limitado para producir cambios permanentes en el nivel de bienestar. Cabe destacar que, si la persona no tiene un entorno de seguridad y subsistencia básico, atenderá sus necesidades básicas en primer lugar.

Actividades y prácticas en la rutina diaria.- Las actividades intencionales comprenden  una gran variedad de cosas que los individuos hacen y piensan en su vida cotidiana. Se entiende que para realizar tales actividades es necesario un nivel de “esfuerzo” para llevarlas a cabo. Diferencian tres tipos de actividades; actividad comportamental o conductual, actividad cognitiva y actividad volitiva, es decir, la concreción de pensamientos en actos. Son estos tipos de tareas las que ofrecen la mejor opción para incrementar de forma estable el bienestar. Los estudios realizados por Sheldon y sus colaboradores (2002) han demostrado que es más probable aumentar el nivel de bienestar cuando la propia persona elige y alcanza las metas que se ha establecido, es decir, metas que se “ajustan” a la persona.

Siguiendo con este último factor, al comprobarse ser el más eficaz en la consecución del estado de bienestar o felicidad, los autores del modelo plantean que el cambio basado en la realización de actividades intencionales, a diferencia de las circunstancias, tiene varias características deseables:

  •   Son actividades episódicas.- Se trata de acciones transitorias en el tiempo. Por tanto, una buena opción, en relación a este tema, sería descubrir el momento óptimo para cada actividad, estableciendo una frecuencia que permita que tal acción permanezca “fresca”, significativa y positiva para la persona que la lleva a cabo.
  •   Variadas.- Esto puede ayudar a reducir la adaptación a la actividad, lo que le permite mantener su “potencia”. Las personas tendemos a buscar variedad en los comportamientos que realizamos tal vez porque el cambio, tanto en pensamientos como en acciones, es placentero y estimulante de forma innata.
  •   Contrarrestan directamente la adaptación.- Un ejemplo de ello podría ser la circunstancia de estar en “matrimonio”. Una persona puede emplear una serie de actividades intencionales con respecto a la categoría circunstancial de estar casado/a: el marido puede tener el objetivo de trabajar por mantener una relación positiva en su matrimonio, es decir, una actividad volitiva. Para ello, comienza por apreciar las cualidades positivas de la pareja (una actividad actitudinal), y puede realizar conductas que apoyen tal intención, por ejemplo preparar su comida preferida. Todas estas actividades intencionales probablemente contrarresten la adaptación en esta circunstancia particular.

Tres personas montan en bicicleta en un día soleado

¿Existe una fórmula para lograr un mayor bienestar ?

Se trata de una cuestión perseguida por la sociedad en general durante muchos años. El estudio llevado a cabo por Van Boven y sus compañeros planteó como principal objetivo comprobar en un conjunto de población si invertir parte de sus ingresos en experiencias les hacía sentir más felices que invertirlos en posesiones materiales.

Los resultados que encontraron muestran, en primer lugar, diferencias en la circunstancia demográfica. Y es que, las mujeres, las personas más jóvenes y aquellos que viven en comunidades urbanas o suburbanas respondieron, en mayor parte, que dedicar su dinero en experiencias les hacía sentirse mejor que dedicarlo a productos materiales, en comparación con población masculina, ancianos y personas que viven en comunidades rurales. Por otro lado, en relación al nivel educativo de las personas, aquellas con menor nivel académico tendían ligeramente a indicar que las compras materiales les hacían más felices, mientras que los encuestados con un mayor nivel educativo indicaron que la realización de experiencias les produce mayor bienestar. Una posible explicación de este hecho sea que la población con menos ingresos económicos (en general suelen corresponder a aquellas personas con menos nivel académico) dedican sus ingresos a satisfacer necesidades básicas, teniendo de esta forma menos oportunidades para beneficiarse de experiencias extras o diferentes en su vida cotidiana.

Además, entre los resultados destacan que el estado de ánimo está influido al pensar en las compras. Encontraron que pensar sobre las compras «experienciales» da a las personas mayor “placer” que pensar en las compras materiales, además estas personas tendían a pensar con mayor frecuencia en sus experiencias.

¿Por qué las experiencias hacen más felices a las personas que las compras materiales?

Destacan tres posibilidades como respuesta a esta cuestión:

– Las experiencias están abiertas a reinterpretaciones positivas.- Tendemos a considerar más beneficiosas las características de vivir experiencias en la vida que las que poseen las compras materiales con el paso del tiempo.

– Son más centrales para la propia identidad.- Pueden aportar un mayor valor hedónico al contribuir más que las posesiones materiales en la construcción del “yo”.

– Mayor valor social.- Las experiencias fomentan, de forma más eficaz, las relaciones sociales exitosas, estando relacionadas éstas con mayor felicidad.

Persona disfrutando durante una escapada a la montaña

Y tú, ¿qué opinas sobre el nivel de bienestar de las personas?

Laura Cruz Navarro

Referencias

Berk, L. S., Felten, D. L, Tan, S. A, Bittman, B. B. y Westengard, J. (2001). Modulation  of  neuroimmune  parameters during the eustress of humor associated mirthful laughter. Alternative Therapies in Health and Medicine, 7, 2, 62 – 72, 74 – 76.

Diener, E., Suh, E. M., Lucas, R. E., & Smith, H. L. 1999). Subjective well-being: Three decades of progress. Psychological Bulletin, 125, 276–302.

Lyubomirsky, S., Sheldon, K. M. y Schkade, D. (2005). Pursuing Happiness: The architecture of sustainable change. Review of General Psychology, 9, 2, 111 – 131.

Sheldon, K. M. (2002). The self-concordance model of healthy goal-striving: When personal goals correctly represent the person. Handbook of self-determination research, 65 – 86.

Van Boven, L. y Gilovich, T. (2003). To do or to have? That is the question. Journal of Personality and Social Psychology, 85, 6, 1193 – 1202.

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