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Adicción a las nuevas tecnologías. Factores de riesgo

por | 20 Abr 2017 | Psicología Clínica

Los cambios sociales y culturales producidos hasta el momento han contribuido en la génesis de una sociedad cada vez más vinculada al consumo con una mayor prevalencia de soledad y aislamiento. Esta situación se ha visto relacionada con un mayor número de problemáticas asociadas a diferentes modalidades de adicción.

A pesar de que la adicción a sustancias ha acaparado la atención de investigaciones e intervenciones, se considera que la inclinación desmesurada o el uso desmedido hacia una actividad puede dar lugar a una adicción, aunque no intervengan agentes químicos en este proceso.

Asimismo, este tipo de adicción genera un estado de dependencia capaz de restringir los intereses de los individuos. De este modo, es posible que hábitos que parecen inofensivos a priori, puedan convertirse en adictivos, generando una gran interferencia en distintos ámbitos de la vida de la persona.

En esta misma línea, la pérdida de control en el desarrollo de una actividad, la continuidad en la realización de la misma a pesar de sus consecuencias negativas y el desarrollo de una dependencia cada vez mayor, son los factores que definen la presencia de una conducta adictiva. Además, un uso desmesurado en cuanto a la intensidad, frecuencia, duración o cantidad de dinero invertido, puede distinguir una conducta normal de una adictiva. De esta forma, las “adicciones no-químicas” se definen por la puesta en marcha de conductas repetitivas con la finalidad de reducir la tensión interna que experimenta el individuo.

Por lo que respecta al mantenimiento de una conducta adictiva, inicialmente está determinado por los aspectos reforzantes o placenteros de la misma (facilidad en la realización de gestiones, nuevas formas de contacto social, etc.). No obstante, con el paso del tiempo, dicha conducta pasa a ser controlada por reforzadores negativos como el alivio de tensión emocional o malestar (aburrimiento, soledad, angustia, etc.).

Adicción a las nuevas tecnologías

La adicción a las nuevas tecnologías consiste en el consumo abusivo de algún dispositivo o servicio como el ordenador, el móvil, los videojuegos e, incluso, Internet o las redes sociales. Se trata de un problema presente en todas las edades, pero se ha detectado una mayor prevalencia en los adolescentes y jóvenes, quienes realizan un mayor uso de estas plataformas.

A pesar de ser considerada una adicción específica, comparte una serie de características comunes con otras adicciones como pérdida de control, síndrome de abstinencia, dependencia psicológica, interferencia en distintos ámbitos y pérdida de interés por otras actividades.

El problema se considera que está consolidado cuando hay un uso desmesurado acompañado de una pérdida de control y de síntomas de abstinencia (ansiedad, irritabilidad, bajo estado de ánimo…). Asimismo, está asociado al desarrollo de tolerancia, es decir, la necesidad de estar conectado o de realizar un mayor consumo que repercute sobre la realización de otras actividades cotidianas.

En esta misma línea, la OMS (Organización Mundial de la Salud) indica que una de cada cuatro personas sufre alguna problemática vinculada a las nuevas adicciones. Además, se estima que en España la prevalencia de trastornos adictivos asociados a las nuevas tecnologías oscila entre el 6 y el 9% de los usuarios.

Por otro lado, es preciso destacar que la adicción a las TIC puede ser la manifestación, en algunos casos, de otra adicción principal como conductas adictivas asociadas al sexo o al juego patológico. En estos casos, las nuevas tecnologías se convertirían en el vehículo de acceso de otra problemática. Asimismo, puede cumplir una función parecida en otras dolencias como la fobia social, la depresión o el trastorno obsesivo compulsivo.

Signos y síntomas

Muchas de las personas que padecen este tipo de adicción pueden mostrar alteraciones de comportamiento que genera conflictos en diferentes entornos. Partiendo desde un modelo bio-psico-social, se pueden destacar las repercusiones de un uso desmesurado de estas plataformas en distintas áreas de la vida de la persona:

  • Consecuencias fisiológicas. Es bastante frecuente la presencia de una disminución en la ingesta alimenticia y en el número de horas de sueño por seguir conectado o “enganchado” a la actividad. Como consecuencia, son comunes distintos problemas asociados a cansancio excesivo, cefaleas, problemas musculares, agotamiento mental, alteraciones en el sistema inmune, etc.
  • Consecuencias psicosociales. En el hogar se pueden producir discusiones y altercados debido a la resistencia por reducir el uso desproporcionado del objeto de la adicción y a su disminución en la cooperación y convivencia en el hogar. Asimismo, son habituales el aislamiento social derivado de un notable descenso en el contacto social, el abandono de actividades rutinarias como los hábitos de higiene o la aparición de problemas económicos o legales. Además, el abuso de redes sociales puede frenar el desarrollo de habilidades sociales, lo que puede dar lugar a la presencia de dificultades en la interacción y la creación de relaciones ficticias o virtuales.
  • Consecuencias profesionales. Una de las alteraciones más significativas es el descenso en el rendimiento laboral o académico como consecuencia del declive en la dedicación a estas actividades o la excesiva atención sobre la conducta adictiva.
  • Consecuencias psicológicas. Es frecuente la aparición de estados de irritabilidad, bajo estado de ánimo o sentimientos de vacío cuando se priva el uso de estas plataformas. Asimismo, es común la aparición de alteraciones de carácter emocional asociados a ansiedad, empobrecimiento afectivo o la ausencia de habilidades de afrontamiento.

Factores de riesgo

Diversas teorías psicológicas consideran que determinadas características de personalidad o estados emocionales aumentan la vulnerabilidad del individuo a “caer en una adicción”. Dentro de estos factores, algunos de los más relacionados son la conducta antisocial y la búsqueda de sensaciones. No obstante, también intervienen elementos propios del aprendizaje, el condicionamiento (refuerzos) y las experiencias vividas durante el desarrollo. Algunos de los factores de riesgo más destacados son los siguientes:

  • Factores macrosituacionales. Dentro de estos factores se incluyen la aceptabilidad social, la accesibilidad y la disponibilidad de tener otros recursos para llevar a cabo la conducta adictiva.
  • La edad. Debido a la reciente expansión de las nuevas tecnologías y plataformas virtuales, los jóvenes y adolescentes son las personas más vulnerables debido al mayor uso que hacen de las mismas, así como de los efectos reforzantes de su uso a esta edad.
  • Necesidades implícitas insatisfechas. El placer y el ansia por adquirir el último modelo de ordenador, teléfono móvil… pueden estar enmascarando otras necesidades más relevantes en la persona. De modo que la obsesión por conseguir estas novedades puede contribuir al establecimiento de conductas adictivas relacionadas con su uso desmedido.
  • Identidad no cohesionada. Las redes sociales y las plataformas online constituyen una vía para la creación de una falsa identidad en un mundo virtual altamente reforzante.
  • Características de personalidad y estados emocionales. Algunas características como impulsividad, búsqueda de sensaciones, timidez excesiva, baja autoestima y estilos de afrontamiento inadecuados a las dificultades cotidianas; así como estados de disforia, fatiga, preocupación, bajo estado de ánimo y hostilidad son algunos de los factores más vinculados con el desarrollo de conductas adictivas.
  • Factores familiares. Ciertos patrones educativos, como los estilos familiares más rígidos o los permisivos, se han visto relacionados con ambientes poco validantes y la presencia de dificultades de autocontrol o autorregulación que podrían favorecer la instauración de conductas adictivas como vía para la regulación emocional.
  • Factores sociales. El aislamiento social o los vínculos con personas que hacen un uso desmesurado de estos dispositivos y plataformas, pueden incitar y potenciar el “enganche” a los mismos.

Finalmente, se trata de una problemática gestada y mantenida por una gran variedad de factores. Por ello, es preciso realizar una evaluación e intervención exhaustiva que permita dar cuenta del origen y la causa del problema, así como de la función que cumple el mismo en el individuo y la búsqueda de una solución.

Rafael Fenoy Castaño

Referencias

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